Por LEONARDO L. TAVANI
Calificación: Buena ★★★
Quienes lean mi artículo acerca de Daredevil, la brillante serie original de Netflix (3 temporadas repartidas entre 2015 y 2018, más la participación del personaje en la miniserie The Defenders, cuyos eventos repercutieron directamente en la trama de la tercera y última temporada de 2018), todo un tratado metafísico y filosófico acerca de la naturaleza del héroe, el mal y el concepto nihilista del súper-hombre (que se derivaba del visionado y/o lectura de aquella magnífica serie), comprenderán perfectamente mi decepción al ver los primeros episodios —o más bien, la primera mitad— de Daredevil: Born Again, la nueva serie de Disney Plus/ Marvel Televisión. La original había sido creada y supervisada por el talentoso Drew Goddard, y sus showrunners fueron Douglas Petrie, Marco Ramírez y Erik Oleson, además del primero. Junto a parte del equipo de Marvel Productions que aun no había sido despedido por la fusión con Disney, Daredevil y la impactante Jessica Jones conformaron dos de los mejores productos basados en cómics de superhéroes jamás vistos. Oscuras, adultas, cero complacientes, complejas; presentaban villanos (y al “Gran Villano”: Wilson Fisk, the Kingpin, aún hoy interpretado por el enorme Vincent D’Onofrio) que si bien tenían un pasado tortuoso y motivos suficientes para desplegar su sicopatía, todavía no eran “disculpados” en su maldad achacándosela al egoísmo y “monstruosidad” de la sociedad occidental, cristiana, abierta y con economía de libre mercado. Quizás eso ya estaba pasando en cines, pero este tándem de series para Netflix, que luego Disney le arrebató por completo a la empresa incautándolas para su propio catálogo y discontinuándolas, todavía creían en el mal como mal puro, sin excusas ni cortapisas, y en el bien como algo deseable pero difícil de llevar a cabo y siempre lleno de trampas y tentaciones. Fue demasiado bueno como para que durara; y no duró. Pero lo que quedó grabado, resultó épico.
El regreso del personaje, esta vez a Disney Plus y con sus mismos protagonistas, fue un completo fracaso. O una decepción, si lo prefieren. Había violencia explícita (algo que repele a Disney, pero que sus ejecutivos están tolerando cada vez más en sus productos, so pena de seguir perdiendo abonados), un cierto tono de oscuridad y ambigüedad moral, pero lo que distinguía a la Daredevil original se había evaporado. Ni los enormes talentos del inglés Charlie Cox y del americanísimo D’Onofrio alcanzaron para devolverle verdadera vida a un serial híbrido, extraño, de desarrollo y tempos extremadamente lentos, que no alcanzaba a hacer pie en ninguno de los dos mundos. Se notaba que quería hacerlo (apoyarse más en su antecedente narrativo en Netflix, quiero decir), pero como bromeamos en Argentina, al producto no le daba “el piné”. Hubo sí, secuencias de gran dramatismo, muy logradas —en gran parte por la pericia de sus enormes protagonistas y sus no menos talentosos secundarios— también algo de la violencia gráfica que en Netflix era de naturaleza orgiástica, pero el lento y errático devenir de sus muchas subtramas (demasiadas…), la pésima descripción narrativa del drama interior de Matt Murdock ante la muerte de Foggy Nelson y sus propias dudas acerca de la viabilidad de su alter ego Daredevil, todo eso, repito, atentó contra un regreso anunciado con bombos y platillos. Lo cierto, además, fue que Kevin Feige, actual mandamás de Marvel Studios y supervisor de todos los productos televisivos desde el fiasco clamoroso que fue She-Hulk, se encontró con 16 episodios completados (la temporada iba a tener ese inusual número de envíos) que no superaban en calidad a la primita de Bruce Banner. Ordenó, para horror de Disney y temblor de los protagonistas, que ya tenían sus agendas organizadas, reescribir guiones y realizar retomas, reduciendo además el número de episodios y convirtiendo al paquete en dos temporadas contiguas. De hecho, es en esta primera temporada que estoy destrozando (si se me permite tan mileísta verbo) que esto se advierte muy finamente si se tiene el ojo entrenado; errores de continuidad, diferencias notabilísimas de tono y de montaje en un mismo episodio, etc, etc. No había ni tiempo ni presupuesto para filmar todo de nuevo, así que había que “mejorar” la narrativa desarmando el montaje, intercalando escenas nuevas y manteniendo las que parecían potables del metraje original. Los restantes episodios que completaban lo temporada de 16 se echaron “a la basura”: increíble pero cierto. Por eso esta segunda temporada llegó tan rápido, ya en 2026, es cierto, pero apenas pocos meses después de la previa. Algunos episodios de esta tanda, incluso, estaban aún incompletos cuando Disney Plus lanzó los primeros de ellos.
Y todo hay que decirlo; este envío es mucho mejor en ritmo, claridad expositiva y progresión dramática. No afirmo que haya recuperado al Daredevil de Netflix, claro que no, pero por vez primera el espectador encuentra un hilo conductor reconocible con aquél. La trama, aún con los mismos personajes —la llegada definitiva de Deborah Ann Woll como Karen Page puso las cosas en su lugar— retomó coherencia y un norte bien reconocible. Es, si se me permite la extraña analogía, como si hubiéramos visto antes una ecografía en tiempo real de un feto en gestación, y recién ahora asistiéramos a las vicisitudes del bebé recién nacido. El final, que en EE UU se vio anoche, 5 de mayo, es violento, bastante audaz, y deja la puerta abierta a la ya renovada tercera temporada con un nudo en la garganta respecto de nuestro atribulado héroe. Si ya había aparecido (¡y qué bienvenida aparición!) la desaprovechadísima Kristen Ritter como Jessica Jones (¡qué mal ha tratado la industria a esta actriz talentosísima y dúctil…! Tanto, que si usted no vio ni un solo episodio de Jessica Jones, no creerá una palabra de lo que digo), nos encontraremos con otra sorpresiva inclusión, que no luce forzada en absoluto, por cierto.
La verdad sea dicha, aunque algunos personajes crecieron y tuvieron momentos de hondo dramatismo, caso el Daniel Blake de Michael Gandolfini (hijo menor del recordado James Gandolfini, “Tony Soprano”), la necesidad obsesiva que Marvel/Disney muestra en que cada producto tanto televisivo como cinematográfico esté relacionado y se concatenen sus respectivas peripecias, no hace otra cosa que entorpecer la libertad creativa tanto de guionistas como showrunners. Luego que Fisk fuera baleado en la cabeza en una de esas miniseries basura cuyo título ni me molestaré en recordar, sobreviviendo al cabo de meses, resulta que no es el mismo que conocimos en la serie madre. Tiene su violencia, porta su descomunal furia, posee la voz espeluznante y amenazante que le da Vincent D’Onofrio, pero tiene más agujeros en su pintura sicológica, se hace preguntas que desmerecen la cruel y despiadada ambición infinita del personaje, e incluso lo tornan por momentos desconcertante: ¿cómo es posible, si no, que en el feroz y descarnado combate cuerpo a cuerpo que villano y héroe encararon al final del antepenúltimo episodio, se pasara al inicio del siguiente con Matt Murdock vivito y coleando…? El auténtico “Kingpin” no le hubiera perdonado la vida por nada del mundo. Es más, eso choca, incluso, con la inclusión en la trama de la ilegal, violenta y parapolicial “Fuerza Antivigilantes” que crea Fisk reuniendo a los más violentos, corruptos y despiadados ex miembros de la policía neoyorquina. Pero así es esta Marvel, esta Marvel versión Disney, mejor dicho, en la que se ha despedido a mucha gente talentosa y en la que se ha perdido el rumbo desde hace muchos “miles de millas”. Amigos, alguna vez habrá que entender que la historieta, y en especial la historieta (léase cómic) norteamericana, que presenta una historia, unos códigos y una estética muy particulares, no puede trasladarse al lenguaje audiovisual eterna y perpetuamente, ni mucho menos en todos sus casos y expresiones. Aunque un director que respetaba dijo años atrás que este subgénero se había convertido en el western moderno, no estoy de acuerdo en absoluto. Es más, él estaba equivocado más allá de mi opinión o de la de cualquier otro analista. Pero en fin, no es posible hacerse ilusiones: la maquinaria de streaming, las cadenas de cable sobrevivientes, y por supuesto esa cloaca que alguna vez se llamó, con cierto orgullo, Hollywood, no renunciarán a lo único que hoy saben hacer para ganar también una única cosa, dinero. Que les aproveche.-
Nota a los Lectores: Debido a permanentes problemas con la interfase que brinda Google a través de este, su servicio "Blogger", no solo no pude subir fotos ni el póster de la serie, sino que debí realizar más de 7 intentos, con el único resultado de que permanentemente se alteraba el tipo de fuente, el tamaño de la misma, cambiaba el interlineado elegido y la alineación. Una lectora, por ejemplo, me ha escrito hace semanas acerca de mi artículo sobre "La Usurpadora" y absolutamente nunca, ni desde mi laptop ni desde mi smartphone, logré responderle y agradecerle sus palabras. Valga esta aclaración, para que se entienda que en todos mis artículos, desde hace no menos de tres años, hay imperfecciones técnicas y desprolijidades de formato por causa de Blogger. Este artículo, al menos, se publica igual para que no sea un trabajo sin sentido. Mis disculpas a todos por el penoso formato. Gracias.-
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