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LA DESPEDIDA DE "STRANGER THINGS": ALGUNAS IDEAS


 

Por LEONARDO L. TAVANI

Calificación: Muy Buena ★★★★          

En lo que respecta al mundo del espectáculo hablado en inglés (y también en francés y alemán, por sumar dos muy potentes), a los críticos hispanoparlantes nos ocurre que tenemos que mencionar permanentemente a productores, guionistas y directores con una familiaridad por completo desmentida por múltiples variables, tales como la distancia geográfica, el hecho de que pocos entre nosotros se vuelven “cronistas” de algún medio importante, de modo que la mayoría en el oficio jamás viajó ni viajará a festival alguno ni tendrá la chance de reportearlos, más un largo etcétera. Y créanme, a veces siento que sonamos pedantes, como si afirmáramos cosas tales como “Lana Wachowsky, con quien el jueves pasado comí unas tapas en un coqueto bar barcelonés, me confió al oído tal cosa acerca de su próxima producción”. ¿A dónde voy con todo esto, entonces? Pues que me veo obligado a hablar largo y tupido acerca de los hermanos Duffer, y la verdad que ni yo mismo ni casi ningún otro colega (salvo excepciones) los conoce ni los vio de cerca una mísera vez en la vida. Puedo especular acerca de cuáles eran sus intenciones a la hora de crear Stranger Things, puedo marcar sus evidentes errores a partir de la tercera temporada (la ‘dos’ ya tenía algunos, pero se disimularon muy bien), y puedo certificar su bienvenido esfuerzo por reencauzar la serie en esta parte final de una temporada “mmuuuyyyyyy” desigual; pero sé sobre ellos tanto como afirma la siempre dudosa Wikypedia o cualquier otro sitio análogo. Si tengo que hablar acerca de Hal B. Wallis (1898-1986), verdadero factótum del poderío de la Warner durante la época de oro y luego, ya en su madurez, de la Paramount, es como si lo hiciera sobre mi tío Pepe. No tengo ni tuve ningún tío Pepe, me entienden, pero no hay que ser “historiador del cine” para sentir que uno conoció en carne y hueso a estas leyendas. Nací, y ya en la sillita para bebés de mimbre en que mi madre me colocaba, estaba frente al viejo televisor blanco y negro viendo desfilar Casablanca, El Capitán Blood, Alta Sierra y tantas otras surgidas de su pulso de productor ejemplar. Ni hacía falta bibliografía para saber y entender todo acerca de estas glorias del Hollywood dorado. Pero… ¿qué diantres sé yo acerca de los Duffer? ¿Cómo diablos me meto en sus cabezas para entender por qué tomaron tales decisiones y no otras? Solo puedo especular, en definitiva; y es lo que haré, aunque no me dan demasiadas ganas.

“LA BESTIA ESTELAR”: Doctor Who celebra su 60 aniversario recuperando toda la magia Perdida

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: Muy Buena ★★★★

El sábado último regresó la mítica serie Doctor Who. Lo hizo con el primero de los tres episodios especiales que celebran los 60 años de historia de esta maravillosa saga de ciencia ficción, The Star Beast (La Bestia Estelar). Por cierto, al escribir “regresó” estoy queriendo decir mucho más de lo que indica el simple enunciado, ya que Doctor Who había sido “asesinada” por su último showrunner, el criminal Chris Chibnall, con la cómplice anuencia de BBC, por supuesto, cadena histórica que a contrapelo de su propia política descuidó uno de sus activos más señeros y amados. No les salió gratis, y amén de la progresiva pérdida de audiencia y la ya clásica y constante batalla del fandom en las redes, la compañía (que es estatal, pero con un inteligente sistema de asociaciones con capitales privados) comenzó a perder dinero con el envío. No podía durar, y luego de echar al anterior director de la cadena, se optó por un plan de renovación integral que incluyó —como no podía ser de otro modo— el relanzamiento con bombos y platillos de la serie estrella de la emisora. El hecho de que el a punto de fenecer año 2023 fuera el del sexagésimo aniversario del estreno de Doctor Who sirvió en bandeja el motivo del reboot. Si el especial del 50 aniversario, The Day of the Doctor (2013), había sido un evento de magnitudes bíblicas, estrenado además en cines y en 3-D, no podía esperarse menos de esta desesperada movida por resucitar la saga. Sería una serie de tres especiales protagonizados por la dupla más querida y añorada por todos, David Tennant y Catherine Tate, esta última de regreso en su entrañable rol de Donna Noble. Nada podía fallar, excepto que las últimas temporadas habían sido tan, pero tan desastrosas que muchos habíamos perdido la fe en la capacidad de la TARDIS por llevarnos de vuelta al universo de la imaginación. Así que sí, mucho podía fallar. No imaginan cuanto. ¿Y saben qué…? Pues…, nada falló. Okay, no será el nirvana de la serie, tampoco emulará los más electrizantes y dramáticos momentos que nos legara Steven  Moffat como guionista y showrunner, pero lo cierto es que The Star Beast nos devolvió al Doctor enterito y perfectamente reconocible. Al fin.

“INDIANA JONES Y EL DIAL DEL DESTINO”: La peor Despedida para un Personaje Legendario

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: MALA

    Decadencia”. Esta es la palabra que se repite en mi mente cada vez que pienso en la vomitiva, atroz, espantosa y nauseabunda experiencia que implica padecer las dos horas y media de ese esperpento disfrazado de película titulado Indiana Jones y el Dial del Destino. Decadencia en todos los sentidos posibles y en todas las direcciones que se quieran tomar. Decadencia de la cultura general (vean si no cómo la elogian millares de usuarios de las redes y demás yerbas, así como numerosos críticos que parecen más hábiles a la hora de hablar sobre ‘running’ que acerca de cine…), decadencia de la otrora más poderosa industria cinematográfica (hoy un páramo yermo), decadencia de los propios miembros de dicha industria (si esto es lo que queda de James Mangold, del hombre que alguna vez dirigió Copland, e incluso Logan, pues mejor ahogarse en alcohol), decadencia de las grandes corporaciones y de los estudios que controlan (antes, como brillantemente mostró The Offer, también mandaba el dinero, pero hasta los tiburones de las finanzas se dejaban seducir por una idea y le daban luz verde a proyectos como El Padrino), decadencia —física y por qué no moral— de los últimos exponentes del antes llamado “star system” (¿cómo definir, si no, la decisión egoísta e insensata de Harrison Ford, permitiendo así que este esperpento exista? ¿Acaso necesitaba más dinero para comprarse una mesita de luz de mármol de Carrara?), decadencia de todo el gremio de guionistas —y de las universidades y los docentes que allí enseñan tal arte, hoy definitivamente perdido— quienes no pueden darle sentido ni contexto a una historia sin evidenciar que sus encéfalos están por debajo, evolutivamente, del de los asnos y los babuinos. Y por último, decadencia de todos nosotros, los mayores de 50 años que vimos estas joyas del cine en plena adolescencia y que así y todo, plenamente conscientes de que nos van a ofrecer estiércol, les obsequiamos nuestro laboriosamente ganado dinero a estos tránsfugas yendo a una sala de cine. O a una caja de zapatos XL, mejor dicho, ya que hasta eso nos han quitado: cuando pienso que vi Indiana Jones y el Templo de la Perdición en el viejo, original y maravilloso cine Gran Rocha, de la ciudad de La Plata, que tenía una pantalla gigantesca, un audio espléndido y una arquitectura portentosa, no puedo menos que aceptar que sí, que todo tiempo pasado fue irremisiblemente mejor.

"EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LOS ANILLOS DE PODER" (episodios 1 a 3) Un Fiasco Decepcionante a la Espera de una Brújula

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: REGULAR ★★

    Siempre es complicado cuando hay zapatos difíciles de llenar. Antes que nada y antes que todo está —estaba— El Señor de los Anillos, la monumental novela de John Ronald Reuel Tolkien (1892-1993), una obra superior, profunda, polisémica y sencillamente maravillosa. Como acaba de decir Chato en su canal de youtube (se trata de un ex ejecutivo y productor canadiense que trabajó años para ABC y luego para NBC, que utiliza este seudónimo para diseccionar con mucho humor a la industria audiovisual norteamericana), “siempre se dice ‘El Señor de los Anillos’ de Peter Jackson, pero la verdad es que deberíamos decir ‘El Señor de los Anillos’ de Tolkien”. Y es cierto. El neozelandés creó una trilogía de filmes superiores que ya han entrado por derecho propio a la historia grande del cine, pero todo su arte y todo su oficio serían nada si no estuviera Tolkien detrás. Es un director singular y por demás talentoso, pero cuando quiso traer al siglo XXI su filme favorito de la infancia, King Kong (1933), el resultado fue un completo fiasco. Sé que esta opinión no es ni mayoritaria ni popular, pero tampoco es una opinión, es el resultado del análisis serio de las cualidades cinematográficas de su remake de 2005, las cuales se echan en falta a lo largo de gran parte de su kilométrico metraje. Más nunca es mejor, y algo parecido le ocurrió con su siguiente trilogía basada en la breve novela El Hobbitt, alargada hasta la náusea para “llenar” tres filmes que superaron las 9 horas totales de metraje.

La Muerte de James Bond: “Sin Tiempo Para Morir” o ‘Réquiem Para Los Nacidos en el Siglo XX’

Por Leonardo L. Tavani

    Les planteo lo siguiente: piensen en una longeva saga cinematográfica, muy lucrativa, que siempre ha despertado pasiones y cuyos filmes son estrenados alrededor del mundo con una regularidad que ya es legendaria. Ahora, y esto es importantísimo, recuerden que la saga de la que hablamos NO PERTENECE ni a la ciencia ficción, ni al género fantástico, ni al terror, ni mucho menos a los cuentos de hadas. O sea que en ella, si algún personaje muere —y mucho más su protagonista— NO VUELVE A LA VIDA EN ABSOLUTO. Los muertos, como en la realidad, muertos están. Entonces, resulta que ustedes van al cine a ver el último estreno de esta saga y llegados al final de la misma ocurre que el protagonista perece. Y no solo muere, sino que vuela en millones de pedacitos, ya que una ráfaga de misiles con “bombas racimo” le cae directamente encima. Es más, en un plano decisivo la cámara se coloca a menos de 35 grados del perfil de este hombre, tomándolo de cuerpo entero, de modo que podamos verlo en plenitud y asistamos a su ordalía. Y allí mismo, al tiempo que el tipo esboza una sonrisa de satisfacción por haber salvado a su mujer e hija, la onda de choque de las bombas arrasa con él en primerísimo plano. O sea, no hay dudas; no hay trampas tampoco. El tipo murió. Tanto, que ni cadáver ha quedado. Se vaporizó. Pues bien, el tipejo en cuestión era James Bond, agente 007 al servicio secreto de Su Majestad. O mejor dicho, era el impostor que había usurpado su nombre y número desde 2006. Y ojo, que nadie se llame a engaño: el hombre que lo interpretó hasta aquí, un tal Daniel Craig, es un actorazo; ni más ni menos. Él no tiene la culpa del atroz mamarracho que le hicieron protagonizar: le dijeron que ahora el espía era un sujeto torturado, autodestructivo y con tendencias suicidas, incapaz de permitirse vivir (cuestionándose todo el tiempo su calidad de asesino al servicio del Estado), y siempre dispuesto a sacrificar todas las cosas por las que vale la puta pena permanecer en esta roca que gira en el espacio. Y lo hizo maravillosamente bien, por cierto. Pero no me quiero ir de tema. Dije que el tipo murió, y punto. Sin embargo, los productores nos avisaron, como siempre, que “James Bond volverá”. No 007, que podría ser cualquiera (la propia Lashana Lynch, de hecho, que aquí interpreta a la nueva 007), sino el mismísimo James Bond. Y así es. Hace rato que están las negociaciones en marcha para elegir al nuevo actor que lo interpretará: Barbara Broccoli declaró hace meses que desea que Cary Fukunaga (director y coautor de este último latrocinio) vuelva a ponerse tras las cámaras del próximo film, y otras cosas por el estilo. Tampoco estará de más que les indique que Felix Leiter, agente de la CIA y posiblemente el único amigo genuino de Bond, también estiró la pata en No Time To Die. Sí señores. Muertito y enterrado. Bahhh, lo de enterrado es un decir, ya que su cadáver se fue hundiendo hasta el fondo del casco de un buque a punto de naufragar, y apenas unos minutos después, cuando el impostor Bond logra escapar y se monta a un improbable bote inflable (igualito al que usaba Bond, el verdadero, en el final de Operación Trueno / Thunderball, en 1965; otro de los ciento y pico de detallitos para fans que la cinta echa por ahí como migajas), dicho buque explota en mil pedazos, vaya uno a saber por qué. Así que tampoco quedan dudas con Leiter: si resucita es pura ficción. Como su amigo 007, que solo lo sobrevivirá media película más, no queda ni cadáver para clonar.

“LEJOS” (“AWAY”): Una Gran Apuesta de Netflix Que Cumple Y Atrapa

por Leonardo L. Tavani

Calificación: MuyBuena (★★★★)

    Empecemos por el principio, lo que no por obvio deja de ser importante. Y en este caso importa, puesto que Away nos presenta un obstáculo muy importante para sortear apenas se dispone el espectador a verla, que es el de la propia naturaleza de su trama. Pareciera que una gigantesca pancarta con la leyenda “warning” (peligro) se posara sobre el televisor al momento de encarar su visionado, y eso ocurre porque a esta historia ya la vimos un millar de veces y en todas sus posibles vertientes, desde el drama, la sci-fi pura y dura o el terror espacial. Alguien objetará que al cuento de cenicienta también lo vimos millones de veces en la pantalla y no por eso dejamos de engancharnos con él en cada nueva ocasión, pero ocurre que “Cinderella” pertenece a esos tipos de historias que están construidas en base a arquetipos universales, los que sirven de plantilla (si se nos permite la expresión) a casi todo tipo de trama que se pueda imaginar. De ahí la genialidad tanto de Charles Perrault como de los hermanos Grimm, cuyos cuentos infantiles presentan una maravillosa universalidad que ha vencido con éxito la prueba del tiempo. Otro tanto ocurre con Shakespeare y sus inmortales dramas y comedias, que llevan cinco siglos reciclándose en millares de argumentos que nunca queremos dejar de disfrutar. Pero este de ahora no es en modo alguno un arquetipo universal, sino un argumento producto de un desarrollo tecnológico y científico cuyas posibilidades eran puramente especulativas en el pasado y que ahora ya no lo son tanto.

“ENOLA HOLMES”: UNA AVENTURA VICTORIANA EN TODA REGLA

 

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: Muy Buena + (★★★★ y 1/2)

    La polémica inició, con toda probabilidad, cerca de la década de los ‘30s, cuando la crítica cinematográfica se afianzó como disciplina y comenzó a ganar lugares destacados en los medios gráficos de la época. A medida que los críticos adquirieron mayor consciencia de sí y de su profesión se volvió demasiado natural para ellos dividir a las películas entre “artísticas” (o de “prestigio”) y de pura evasión o “divertimento”. Estas últimas, ciertamente, podían de hecho recaudar cifras astronómicas en taquilla, pero aun así ser sistemáticamente ignoradas o vilipendiadas. Hacia finales de la Segunda Guerra Mundial esta tendencia crítica estaba ya consolidada, de modo que aquellas cintas que los críticos destrozaban impiadosamente eran de hecho las mismas que atraían mayor cantidad de espectadores a las salas. El tiempo pasó, los estudios académicos sobre el cine se multiplicaron, para bien o para mal apareció Cahiers du Cinemá, y un buen día una nueva generación de críticos comenzó a asomar sus cabecitas por sobre la mediocridad general.

MULÁN: UNA HISTORIA QUE CRECE Y ATRAPA CON ARMAS NOBLES

por Leonardo L. Tavani

calificación: Muy Buena (★★★★ )

    ¡Y llegó otra heroína, nomás! Pero “attenti”, que esta no usa 9 mm ni se monta sobre unos tacos infartantes, ¡no señor! Esta es más pura que una flor de loto, está conectada con la naturaleza, ama a su familia más que a sí misma y está toda llena de Chi, esa energía vital que anima todas las cosas vivas y que, del modo en que el narrador en off lo explica al principio del filme, se parece más a la Fuerza de Star Wars que a una milenaria tradición espiritual china. Y como no podía ser de otra manera en estos tiempos impregnados de “ideologitis politicarum correctionalis”, tanto Chi resulta un problema porque su poseedor es una nena y no un patriarcalísimo varoncito. Pero papá Huá, que algo malo debe tener en sus genes porque apenas si pudo engendrar dos chancletas y ningún machote, en realidad se desvive por Mulán, a la que le consiente todas las travesuras y todos sus despliegues de Jackiechanismo (o de Bruceleechanismo, o de Jetlichanismo, como gusten), y eso a pesar de que la matrona y casamentera de la comunidad se hace cruces con la nena, quien según parece está a un platito roto de acarrearle la deshonra a su familia.

MONJA GUERRERA y MALDITA – Dos Series de Netflix en el camino del Fantástico


por Leonardo L. Tavani
Netflix no hace nada en pequeño, y la misma semana en que estrena The Old Guard (ver nuestra crítica) lanza también las series fantásticas Warrior Nun y Cursed. Si eso no es saturar al espectador ignoramos por completo el significado de tal concepto. Pero vayamos por la “monja guerrera” (EE UU, España, Canadá, 2020)  Buena + (★★★1/2). Nos hallamos en una lóbrega sala de algo parecido a un convento, en algún lugar de España. Un sacerdote anciano pide los datos de defunción de una jovencita cuyo cadáver está allí mismo, tan inerte como impotente ante los crudos insultos que le propina una monja que, a todas luces, no la quería nada. La religiosa se niega de plano a brindar las causas de la muerte y el sacerdote no parece encontrar las fuerzas para obligarla. De pronto, una explosión vuela la entrada y desde el caos y la confusión surgen unas mujeres ataviadas como ninjas que cargan a una de las suyas gravemente herida.

TRAS LAS HUELLAS DE TARZÁN – Breve Historia del “Hombre Mono” en la Gran Pantalla


Por LEONARDO L. TAVANI
Pocas veces en la historia de la literatura popular un autor supo de antemano que su nueva creación sería un rotundo éxito. Pocas o más bien una sola: la de Edgar Rice Burroughs (Chicago, 1875 – Tarzana, 1950) sería la gran excepción que confirmaría la regla. Tarzan of the Apes fue apenas su segundo relato, publicado en la revista All-Story Magazine en octubre de 1912, luego de dar a luz —en febrero de ese año— Una Princesa de Marte, su cuento debut y primero de la saga de John Carter. Esta novela corta pasó sin pena ni gloria y, cuando menos en un principio, no le reportó más que unos pocos dólares. Pero mientras escribía su nueva historia Burroughs percibió claramente que el destino le depararía algo cercano al bronce. Contrario a la usanza de la época y a los métodos de contratación de las revistas “pulp”, el escritor insistió ferozmente (con una previsión digna de un vidente) en conservar todos los derechos de autor y, al siguiente año, registró “Tarzán” como marca. Estos fueron los cimientos sobre los que construyó (junto a las 25 novelas posteriores del célebre personaje) un fabuloso imperio financiero que aún hoy perdura y genera millones de dólares a sus sucesores. Demos un paseo en liana, entonces, para ir tras las huellas de Tarzán.

El ZORRO en el Cine: Una Historia a Pura Aventura


Por Leonardo L. Tavani       

Junto a Tarzán, la Pimpinela Escarlata y Scaramouche, El Zorro ocupa un sitial de privilegio en el universo de los personajes de aventuras, y como era de esperarse, el cine le echó sus garras desde los albores mismos de su historia. Demos entonces un breve paseo por la historia en celuloide del inmortal vengador californiano.
Douglas Fairbanks en el mítico filme mudo

  

EL FINAL DE “GAME OF THRONES”: UNA DISCUSIÓN


por Leonardo L. Tavani
Calificación de la temporada: Buena Plus (★★★ y 1/2)
¡ATENCIÓN: EL ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS TOTALES!
Concluyó Game of Thones. Ocho intensísimas temporadas, centenares de actores que pasaron por la saga, locaciones imposibles, millares de extras, CGI para hacer dulce… Y por sobre todo, la desmesurada psicosis de los fans —se llamen como se llamen— quienes, gracias a la masividad global que brindan esas herramientas de diabólicas que son las redes sociales, han escupido bilis como para cubrir todo el continente africano. Trataremos, humildemente, de echar algo de luz acerca de la despedida del gran fenómeno mediático del siglo XXI. Bienvenidos.

Westworld 2ª Temporada: La Rebelión de las Máquinas o Prometeo Revisitado


Por Leonardo Tavani

Calificación: Excelente (★★★★★)


Westworld II Temporada (Ídem) Canadá, EE UU, 2018.

H.B.O. 10 episodios. Ficha técnica disponible en nuestro artículo
acerca de la primera temporada.-"Westworld 1a temporada/artículo"
            Estimados amigos, tengan un poquito de paciencia, vamos a ir por un camino menos transitado que, sin embargo, tiene todo que ver con el “ethos” que propone esta apabullante segunda temporada de Westworld. Veamos, el hombre añora lo que no tiene, y cuando lo obtiene, lo desdeña por completo. ¿Puerilidad, inmadurez? Tal vez no, quizá se trate de una búsqueda más profunda cuya urgencia nunca se extingue. Dalmiro Sáenz dijo en cierta ocasión que “buscar la felicidad es maravilloso, hallarla es atroz”. Para que la pulsión de vida (Eros) se imponga sobre la de muerte (Tánatos) es necesario contar con una motivación profunda, con un motor que impulse hacia delante, que es precisamente lo que se pierde en las condiciones clínicas tales como la depresión, las fobias inmovilizantes, algunas formas de demencia, etc. En términos cinematográficos nos viene a la mente, por caso, la última parte de la trilogía dedicada a Batman por parte de Christopher Nolan, hermano del creador y co autor de la serie que nos ocupa —The Dark Knight Rises— debido a que dicho filme cuenta con una parábola que nadie apreció debidamente en el momento de su estreno, y que resulta más que pertinente en cuanto a nuestra introducción. Bruce Wayne ha perdido por completo la pulsión de vida; apenas si lo motoriza una férrea concepción del “deber” que, de hecho, no es otra cosa que una de las facetas de su neurosis de personalidad. Tal como ocurre con la tensión dialéctica “héroe/antihéroe” que divide su psique, la nueva amenaza de Baine lo conduce a actuar no por motivaciones positivas, sino porque él ha construido un alter ego que asume sus culpas y vacilaciones íntimas, las que se liberan catárticamente cuando obra como una suerte de “mesías oscuro”, cosa que queda bien ejemplificada en el final de la cinta anterior. O sea, Batman vuelve al ruedo por un equívoco sentido de “justicia” que en realidad oculta su necesidad de auto castigo y penitencia. Por ello Baine lo vence y le quiebra la espina dorsal.

El Cine Épico Italiano: de la Historia al Péplum


por Leonardo Tavani
Los Pioneros del período Mudo
       
  Cuando el cinematógrafo estaba todavía en pañales, allá por 1914 —el mismo año del estallido de la Gran Guerra— la maravillosa Italia, que en ese momento se colocaba a la vanguardia de la producción comercial, presentaba un filme verdaderamente monumental, considerado hoy tanto fundacional como seminal para su género: Cabiria. Escrita y dirigida por Giovanni Pastrone, que de hecho utilizaba el pseudónimo Piero Fosco, la gigantesca épica se estrenó en Turín el 18 de abril de 1914. Duraba la friolera de 247 minutos (sí, como lo leen; 4 horas y siete minutos), tanto que los yanquis la importaron en versión reducida de 148 minutos. En cuanto a su guión, siempre se lo adjudicó a Gabriele D’Annunzio, el poeta, novelista y dramaturgo italiano (Pescara, 1863-Lago de Garda, 1938), pero no es así. D’Annunzio aceptó únicamente redactar los textos de los rótulos. El script  era efectivamente de Pastrone y estaba basado en una novela de Emilio Salgari. Ocurre que el director (que no figuró en absoluto en los créditos del filme sino hasta su reestreno de 1931, cuando además se le incorporó banda sonora) estaba mucho más interesado en legitimar su filme, y para eso llegó a un acuerdo con el poeta que explicaremos más adelante, cuando hablemos del personaje de Maciste y su importancia. Por otra parte, la película resultó una obra fuera de escala, de dimensiones faraónicas, que coronó brillantemente todo el período previo e inauguró un género de alcance mundial.
         
   Poco antes, en 1910, el mismo Pastrone había dirigido La Caída de Troya, mientras que en 1913 Mario Caserini presentaba Los Últimos Días de Pompeya, pero ambas (a igual que todas las que se enumerarán a continuación) son consideradas solo el prólogo para el nuevo género, que oficialmente se acepta como inaugurado con Cabiria. La proeza técnica llevada a cabo para rodarla resultó antológica. Los monumentales decorados, los centenares de extras, los kilómetros de película rodados, todo la convierte en un mito: de hecho, el pionero español Segundo de Chomón (director, cameraman, animador y decorador de set nacido en Teruel el 18 de octubre de 1871) creó y empleó en este filme un novedoso tipo de movimiento de cámara que todavía hoy se usa y que conocemos sencillamente como Travelling.
biografía de De Chomón
El ibérico también fue responsable de parte de los decorados y la iluminación, y en este último apartado impuso junto a Pastrone (que estaba entusiasmadísimo con la novedad) el uso de enormes pantallas reflectantes para incrementar la intensidad y gama cromático/tonal tanto de la luz natural como de la artificial, otro método entonces novedoso que el filme legó a la posteridad del séptimo arte. El director se impuso contar varias historias paralelas, además de la de su protagonista Cabiria (Lidia Quaranta)[1], para lo que rodó un total aproximado de 11 horas de película. Eso le permitió extraer lo mejor y editarla en los definitivos 247 minutos originales. Incluso se adelantó a su época, cuando ni se soñaba con un cine sonoro, al colaborar con el compositor y conductor de orquesta Ildebrando Pizzetti, quien compuso una poderosa y extensa partitura para el film en la que destaca su vibrante “Sinfonía del Fuego”, la que acompañaba la escalofriante secuencia del sacrificio a Moloch. Las copias se distribuían con un disco de pasta y una ficha con rigurosas instrucciones, para que los operadores pudieran echar a funcionar el gramófono en el momento exacto y en la pista indicada.
          
  Este hito histórico marcó el comienzo del período de esplendor del cine italiano, que hasta entonces era un pálido remedo del francés, a tal punto que muchos actores y técnicos provenían del país galo[2]. El género épico o Péplum (bautizado así por los críticos e historiadores franceses recién en la década de 1960) representó una verdadera revolución en su época, tanto que el pionero norteamericano David Lewelyn Wark Griffith (El Nacimiento de una Nación, 1915; True Heart Susie, 1919, quien prácticamente definió el montaje como forma objetivo/subjetiva de narración (lo que también condujo a establecer el plano como unidad mínima de la narración), se vio tan influenciado por este cine —y especialmente por Cabiria— que sencillamente clonó dicho estilo y diseño visual para su filme Intolerance (Intolerancia, 1916), específicamente para el segmento Babilonia[3].

“En La Zona Gris (In The Grey)” – Un Guy Ritchie que olvidó cómo hacer Cine.

  Por LEONARDO L. TAVANI Calificación: Regular ★★      No invento nada nuevo, y de hecho decenas de críticos lo han dicho mejor y much...