Por
Leonardo L. Tavani
El cine nació en Francia. Los
hermanos Lumiére lo dieron a luz. Por mucho que los norteamericanos protesten,
el “pícaro” de Edison (que fue un genio, quién lo duda, pero también un vivillo
que patentaba como propios los inventos de sus “empleados” en Menlo Park,
primero, y West Orange después) no inventó el cinematógrafo, por cierto, como
tampoco —si de ese ingenio mecánico se hubiera tratado— lo hizo antes que los
hermanos galos. Como sea, y a pesar del maravilloso, sorprendente y poderoso
desarrollo de Hollywood al filo mismo del nuevo siglo, fue la patria de Víctor
Hugo la que experimentó primero que nadie con el nuevo y apasionante medio de
expresión. Hoy vamos a dar un breve pero cariñoso repaso por la vida y la obra
de un absoluto genio; y uno que lo era a pesar del escepticismo que ostentaba
acerca de sí mismo. Se consideraba apenas un “comerciante” que buscaba hacer
dinero y “complacer al público”, y decía odiar con tesón a los cultores del
“cine arte”; empero, su obra integral revela una personalidad fascinante y
compleja, un hombre enamorado de lo onírico, lo fantástico y todo lo
considerado tabú. Fue uno de los pioneros del cine y el creador —ya nadie lo
duda— del “serial cinematográfico”. Se llamó Louis Feuidalle, y los invitamos a
penetrar en su atractivo universo.










