Todos los Estrenos Previos al Cierre de las Salas: HERMOSA VENGANZA, CAOS: EL INICIO, GODZILLA VS KONG y MUJER MARAVILLA 1984.

por Leonardo L. Tavani

            GODZILLA versus KONG (Adam Wingard; 2021) (Regular ★★)     

    Nuestras fuentes nos informan que durante la producción de este filme alguien en Warner Bros le envió un memo a uno de los guionistas de Godzilla vs Kong preguntando por los lineamientos básicos de la trama del proyecto. La respuesta fue: “¿cuál trama? Nadie nos avisó que hacía falta una…”. En la compañía de Bugs Bunny van a negar tajantemente la información que nos brindó nuestro infiltrado, pero ustedes (que conocen muy bien nuestra ética de trabajo) reconocerán que es estrictamente cierta. Porque vean, esta última parte de la trilogía denominada “monsterverse” (Kong: La Isla Calavera y Godzilla: Rey de los Monstruos fueron sus predecesoras) tiene efectivamente de todo, excepto un guión coherente. O mejor dicho, no tiene ninguno en absoluto. Tampoco es que importe, ya que está destinada a un público dispuesto a dejarse aturdir con el atronador sonido Dolby Atmos (que en las secuencias de combate entre las criaturas puede producir sordera funcional) y a empacharse con baldes y baldes de pochoclo. Esta producción repite el casting de la cinta anterior y le agrega un villano corporativo de cartón pintado, interpretado (es un decir…) por el mejicano Demián Bichir, pero los verdaderos protagonistas son los bichos gigantes, Godzilla y Kong. Y por supuesto, el resucitado MechaGodzilla (o sea, un Godzilla mecánico, artilugio surgido de varias de las películas clásicas de la japonesa Toho Pictures, aquí rescatado del olvido), todos los cuales se enfrentan en la parte final del filme arrasando Hong Kong y a nuestra sensibilidad auditiva. En cuanto a la sensibilidad intelectual, esta quedó descartada desde la aparición del logo de Warner en pantalla. Sin embargo, como seguro lo han visto más arriba, esta esperpéntica atrocidad nos ha merecido un piadoso “regular” como toda calificación. El motivo, descontando el hecho de que la escritura de este artículo nos agarró con el caballo cansado, consiste en que las tres batallas entre los titanes (la última suma al “robot Godzilla”, insistimos) están muy bien filmadas y —cuando menos— respetan el espíritu de las películas de Toho. Como en aquellas deliciosas fantasías producto de la paranoia nuclear, esta atrocidad pone quinta a fondo cada vez que el bicherío gigante se adueña de la pantalla, y si bien no logra emular esa curiosa sensación de inseguridad acerca de nuestra situación en el planeta (propia de una nación que había sufrido dos devastaciones, la atómica y la de sus creencias más arraigadas) que transmitían dichos filmes japoneses, se regodea empero con esas conflagraciones apocalípticas en clave autoparódica. Se sabe, la antiséptica perfección de los efectos digitales torna (siempre) al espectáculo un tanto grave y realista en cuanto a su tono, boicoteando un poco la intención recién mencionada, pero también es justo reconocer que nadie iría al cine hoy día para ver aquellos adorables monstruitos de goma espuma rodados en stop-motion. Aun así, lo repetimos, este pastiche logra conectar en gran medida con el legado de la nipona Toho. En cuanto a los personajes humanos, mejor ni hablar: machietta pura. Demasiado poco, lo sabemos, pero para una población que ni se inmuta con el hecho de que pendejas de 18 años se roben las vacunas que necesitan personas mayores y con enfermedades de riesgo, pues ya es bastante. Para ellos, este espanto es casi tan bueno como “La Lista de Schindler”. Buenas tardes.- 

            CAOS: EL INICIO (Caos Walking; 2021, Doug Liman) (Mala )    

    Esta es una de esas películas malditas cuyo derrotero debería quedar inscrito en los anales de la historia negra de Hollywood. Para conocer en detalle las desventuras que condujeron a su estreno final (el filme se rodó realmente en 2017) los remitimos a cualquier sitio web que google ofrece apenas se escribe su título en el buscador. A nosotros nos quitaría “tiempo” y espacio que dedicaremos exclusivamente a su breve análisis. Caos: El Inicio (estúpido título local que no dice ni aporta nada) repite todos los clichés del cine de género hollywoodense en la última década y media: proyecto basado en una saga de novelas para jóvenes adultos, caos creativo, caos de producción, demasiadas manos en una misma torta, cambios de rumbo sobre la marcha, etc., etc. El resultado, lamentablemente, redunda en una cinta sin norte ni sentido, cuya premisa de base era muy buena y hasta hubiera redundado en una digna producción, pero que aquí se extravía en un océano de dudas y malas decisiones creativas. Estamos a mediados del siglo XXIII y la humanidad, al parecer, ha colonizado algunos planetas habitables. En uno de ellos, llamado sencillamente “Nuevo Mundo”, habita una colonia de hombres que sobreviven en un ambiente que recuerda demasiado al salvaje oeste norteamericano, quienes poseen la habilidad de proyectar auditiva y visualmente sus pensamientos debido a una jamás explicada cualidad del propio planeta. Las mujeres, que habrían sido exterminadas tiempo atrás por los habitantes nativos, resultaron inmunes a tal influencia planetaria. Una cápsula espacial se estrella contra la superficie y su única sobreviviente, Viola (Daisy Ridley, de la espantosa última trilogía Star Wars), debe huir de los colonos que quieren matarla. La ayudará, un tanto a regañadientes, el joven Todd (Tom Holland, el actual Hombre Araña oficial), quien cumple con el manual que ordena que siempre deba haber un personaje conflictuado que escapa al orden establecido.

    
El filme padece de una anemia conceptual que asombra. Los colonos, liderados con mano de hierro por el personaje que interpreta de taquito el danés Mads Mikkelsen (Arturo; Casino Royale, Flamme & Citrón; La Cacería), se han transformado en una suerte de “androcracia” que consagra un tipo de masculinidad tóxica y xenófoba. Por supuesto, las cosas no son exactamente como parecen y las mujeres (entre ellas la difunta madre de Todd) ni han perecido como se cuenta ni tampoco se han extinguido por completo. Y si bien el filme logra algún que otro momento que escapa a la mediocridad general y hasta se permite alguna alegoría cuando menos potable, el mayor de sus problemas (y por cierto el que le hace merecedor de tan desastroso puntaje) consiste en tomarse demasiado en serio —al contrario de Godzilla vs Kong, que no pretende ser otra cosa que una roba billeteras— y en no molestarse en absoluto por afinar el lápiz y ponerse a la altura de sus propias pretensiones. Nota negativa al margen para Doug Liman, usualmente un buen director (excelente en The Bourne Identity, primera de la saga, e incluso muy ducho en la olvidable Jumper, que se salva de la quema por su pericia narrativa), quien en esta ocasión se dejó asfixiar por los miasmas pestilentes de un proyecto destinado al fracaso. Este año que pasó, pandemia mediante, brindó muy buenos exponentes del género, algunos de ellos verdaderamente sorprendentes (como la serie Raised by Wolves, producida por Ridley Scott), pero Caos: El Inicio es solo eso, caos. Y del peor. Huyan de ella.-   

            PROMISING YOUN WOMAN (Hermosa Venganza; 2020, Emerald Fennell) (Muy Buena ★★★★)

    He aquí una saludable sorpresa, y una que merece la pena. Cuando los talentos británicos se alinean las cosas no pueden salir mal, y si bien la cinta es una coproducción con EE UU todos los cerebros involucrados son ingleses. ¡Gracias al cielo!, ciertamente. Debut “directorial” de la actriz, guionista y productora Emerald Fennell (Killing Eve, Albert Nobbs, Anna Karenina, etc), Hermosa Venganza (espantoso e inadecuado título local) cuenta la extraña historia de Cassie (una maravillosa Carey Mulligan), una treaintañera —otrora prometedora estudiante de medicina— que se halla estancada en una vida mediocre y gris, quien aun vive con sus sufridos padres (que no saben cómo empujarla a vivir de verdad), tiene un empleo en una cafetería en la que se comporta como si odiara a todos los clientes y ha abandonado todo intento por hacer algo útil con su existencia. Cuando menos de día, porque por las noches Cassie recorre boliche tras boliche fingiendo ebriedad extrema y aceptando la “desinteresada” asistencia de cabales caballeros que dejan de serlo apenas ella cae rendida en sus camas. Lo que suele pasar a continuación, el espectador debe descubrirlo por sí mismo, aunque conviene adelantar que nuestra protagonista no es una asesina maniática ni una vengadora nocturna, lo que hubiera degradado esta historia hasta los paupérrimos niveles usuales en el cine contemporáneo. No, no. Esto es otra cosa. Cassie se halla bloqueada, fijada en un trauma que acabó con su estabilidad psíquica y emocional el día que su mejor amiga y compañera de estudios murió. Se tarda mucho en descubrir qué diantres le ocurrió a la protagonista, y cada dato nos llega a cuentagotas, pero este es paradójicamente uno de los puntos fuertes de la trama. Porque el filme se toma su tiempo para mostrarnos cómo percibimos a las víctimas y qué esperamos de ellas, y también cómo se auto perciben los victimarios y qué cosas están (ellos y “nosotros”) dispuestos a sacrificar —y hacer— para que nada obstaculice sus objetivos. Podría haberse vuelto un filme militante, y ciertamente el clima de época lo permitiría, pero Fennell se permite subvertir sus propias reglas y nos obsequia un festín de sarcasmo, agudeza y no poco humor. Negrísimo, claro está. La película es fresca, original, inteligente, pero por sobre todo es sincera: tiene una tesis, una idea fuerza que opera como directriz, pero jamás permite que ella le impida acercarse a un panorama más amplio. Aquí hay personas muy dañadas, algunas de las cuales se transforman en víctimas (en gran parte porque los roles sociales lo fomentan, nos apunta el filme) y otras en victimarios (en gran parte porque es, al cabo, lo que se espera de ellas, nos indica igualmente la directora), pero los límites entre el bien y el mal, entre “dioses y monstruos”, están astutamente desdibujados        

    La cinta amerita un espacio mayor para su análisis que el de un artículo múltiple, pero bastará con subrayar la correctísima mixtura de drama íntimo, thriller (incluso erótico, por momentos) y denuncia social que Promising Young Woman presenta con gran acierto. Y con un digno tratamiento visual, además, que se advierte en el sabio uso de colores, texturas e iluminación que la directora ejerce en cada diferente momento del filme. Si se quiere, y más por afán de buscarle el pelo al huevo, podríamos advertir un cierto abuso por su parte en cuanto al despliegue en la paleta de colores, propio de una principiante en la dirección que quiere que se “note” su mano detrás de la cámara, pero esto de ningún modo opaca un gran trabajo integral. Ahora bien, el arma secreta de la peli es su poderosa protagonista, una Carey Mulligan en estado de gracia, quien compone a una mujer desconcertante y de innumerables capas. Cristalizada en su obsesión, Cassandra es a la vez vengadora y villana, heroína trágica y victimaria cruel. La actriz nacida en Westminster, Londres, se entrega en cuerpo y alma a su personaje y le otorga una profundidad que en ocasiones el guión olvida entregar. Porque ese es, precisamente, el único signo de debilidad de esta producción, olvidar demasiado a menudo cómo conjugar progresión dramática con desarrollo interior de su criatura central. Por momentos, Hermosa Venganza se pierde en su laberinto y nos impide comprender el derrotero que va de una joven con todo por delante hasta esta mujer zombie, que no puede ni quiere parar hasta que lo que considera justo se concrete. Sin embargo, la magnífica y extensa secuencia del clímax —unida a ese fascinante y agudo epílogo— reivindican al filme por sobre cualquier debilidad estructural. No hay golpes bajos ni de efecto en dicha resolución, sino una arriesgada decisión que brinda una conclusión agridulce y por qué no poética. Pero volviendo sobre su protagonista (vista recientemente en La Excavación / The Dig, 2021; Netflix) —una hermosísima y poderosa historia verídica narrada con pulso ejemplar— Mulligan no hace otra cosa que confirmar su enorme talento actoral, ese que paseó por producciones tan disímiles como la soberbia An Education (2009), la excelente Far From The Madding Crowd (2015) o la desgarradora Suffragette (2015). Promising Young Woman, en definitiva, es una experiencia poderosa e intensa que compromete al espectador y lo obliga a pensar y hacerse preguntas. Nunca será poco.-  

            WONDER WOMAN 1984 (Ídem, 2020; Patty Jenkins) (Buena ★★★)     

    Wonder Woman (2017) fue una de las sorpresas más fascinantes de la última década y media. No solo mantuvo con vida (más bien, con respirador artificial) a Warner y el universo DC, sino que casi sin temor a equivocarnos podemos calificarla como una de las mejores 5 películas de superhéroes de la historia del cine. Su poderosa protagonista aunaba una profundísima humanidad, una fe en la vida inigualable y una sabiduría impar. Cualidades tan poderosas como ella misma. Pero la historia de las segundas partes en el cine ha brindado apenas un par de ellas al mismo nivel que sus predecesoras. Indiana Jones y el Templo de la Perdición (Indiana Jones and the Temple Doom, 1984) incluso superó holgadamente a Raiders of the Lost Ark (1981), mientras que Batman Vuelve (Batman Returns, 1992) hizo lo propio respecto del envío anterior. En el caso que nos ocupa no hay que lamentar maldiciones ni cuestiones de mala suerte. Mientras se pre producía el filme Warner entró en caos, su CEO fue despedido abruptamente, Jeoff Jhons (ejecutivo de DC y encargado del universo cinematográfico de la compañía) perdió su puesto y el universo extendido de la comiquera  pasó a ser mala palabra. Demasiados conflictos como para que WW84 no se viera afectada. Pero eso no lo explica todo, y gran parte de los problemas del filme están en el afán de directora y protagonista por construir una peli con “mensaje”. Lo dijimos en otras ocasiones y lo repetimos aquí, nunca funciona planear una cinta a partir de la ideología o el mensaje que se quiera transmitir. Si la obra en cuestión se ha planificado y ejecutado de manera orgánica y respetuosa del arte cinematográfico, todo ello aparecerá indeleblemente inscrito en su “ADN”. Aun en medio de la guerra interna del estudio Patty Jenkins logró mucha más autonomía gracias al arrollador éxito de su filme anterior, y es más que probable que dicha libertad no haya hecho otra cosa que liberar fuerzas que debieron estar reprimidas. No es cierto que las limitaciones de producción ahoguen por completo la creatividad, antes bien, las personas —y en especial las que trabajan para un medio tan particular como el cine, que requiere de centenares de individuos colaborando a la vez— suelen dar lo mejor de sí cuando se sienten apremiadas o urgidas. Todo el Hollywood dorado dio lo mejor de sí por décadas teniendo una fusta azotándole las asentaderas. Es un hecho.         

    Jenkins deseaba contar una historia con “mensaje”, que no es posible hacer trampas para alcanzar nuestros objetivos materiales ni mucho menos hacerle trampa a la vida. Y que la cultura del éxito a toda costa (muy exacerbada en la década de 1980), surgida de la ética del protestantismo calvinista norteamericano, convierte a personas buenas pero inseguras en monstruos sin freno. Toda similitud entre el otrora empresario Trump y el Maxwell Lord de Pedro Pascal no es ninguna coincidencia. La cinta iba a estrenarse justo cuando el último año de gobierno del sociópata recientemente expulsado de la Casa Blanca estaba apenas empezando, de ahí la urgencia por establecer tales analogías, pero la pandemia Covid arruinó esas pretensiones obligando a este y otros filmes a retrasar enormemente su estreno. Gal Gadot y la directora deseaban, además, un clímax que evitara el habitual despliegue de violencia tetosterónica al que estamos tan habituados, para lograr así que su heroína se impusiera gracias a la razón y los sentimientos, en detrimento de la pura fuerza. Nobles intenciones, no lo negamos, pero para lograrlas es necesario trazar una hoja de ruta sólida y narrativamente coherente, y eso está ausente del guión de esta película. Desde la secuencia inicial, que transcurre en Temiscira cuando Diana era una niña y su tía estaba aun con vida (que parece concebida tan solo para lucir el formato IMAX), las decisiones creativas de WW84 hacen agua por todos lados. Nunca llegan al desastre total, pero naufragan en un océano de contradicciones. Diana sufre por la muerte de Steve, al que todavía extraña como loca, y desea más que nada tenerlo a su lado. Barbara Ann Minerva (Kristen Wiig) desea ser como Diana, a la que envidia bastante más de lo que la aprecia. Max Lord desea tanto y con tanta intensidad que aspira a ser el amo de todos los deseos, incluso si eso lo autodestruye. Y aunque la premisa no parece despreciable, a partir de su desarrollo las cosas derrapan sin remedio. Se trata, por sobre todo, de un filme esquizofrénico, que desea ser una cosa pero hace exactamente lo opuesto, algo que deja en evidencia la extensa secuencia en Oriente Medio, cuando Diana debe desplegar (paradojalmente) todo su poder destructivo y la cinta se inunda de CGI y demás pirotecnia, exactamente lo que Jenkins decía querer evitar. Más adelante, cuando la protagonista deba enfrentar a Barbara transformada en Cheeta, el espectador se ve sorprendido por una secuencia anodina y pobremente rodada, fallida incluso en lo concerniente al mediocre CGI con que se nos muestra a la mujer felino.        

    Lo cierto es que WW84 acierta cuando Gal Gadot despliega ese increíble carisma suyo que quita el aire, y cuando Chris Pine logra la proeza de tornar potable un regreso desde la muerte que fuerza los límites de la credulidad (la química con Gadot sigue intacta, por suerte), pero todo el resto del tiempo la cinta se pierde en su propio laberinto. No queda tan bien retratada la década de los ‘80s como se prometía (su función narrativa, repetimos, consiste en echar una mirada sobre la época dorada de los yuppies corporativos), y la transformación de Minerva en Cheeta va narrativamente a los tumbos. En cuanto al rubro actoral concierne, Gal Gadot justifica el visionado del filme con siquiera una sonrisa suya, Kristen Wiig logra compensar las lagunas del guión acerca de su criatura gracias a su enorme talento, Chis Pine está justo y atildado, mientras que Pedro Pascal sobreactúa descaradamente utilizando un registro que se pasa de revoluciones a cada segundo. Su personaje, ciertamente, aspira a la gloria absoluta, pero aun así está retratado con un exceso infumable de pasión desaforada. Una lástima. En definitiva, WW84 no es una causa perdida, pero no está ni por asomo cerca de la perfección de su predecesora. Habrá que esperar a la tercera vuelta. ¿Será la vencida…?.-  

        

 

DETRÁS DE SUS OJOS (BEHIND HER EYES): O La Insoportable Levedad del Golpe de Efecto

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: Mala ()


    Hará poco más de un mes y medio, si es que el alzhéimer no nos pisa los talones, se estrenó en plataformas (y por supuesto que está disponible en todos los sitios de descarga) Rebecca (2020, Ben Wheatley), la nueva versión —o mejor dicho, la nueva adaptación de la novela, que no una remake— de la novela homónima de Daphne Du Maurier, cuestión que tanto su director como los productores se encargaron de resaltar. Ahora bien, e independientemente de su calidad (vistosa, pero endeble…), tanto esta versión (algo más fiel a la novela que la magistral de Hitchcock, dado que no tuvo que soportar la censura de 1940) como la protagonizada por Joan Fontaine y sir Laurence Olivier, se permiten jugar con el gótico victoriano (mucho más la del Maestro, por supuesto) porque precisamente eso se halla en el corazón de la novela. La ignota protagonista (en el libro, así como en sus dos traslados al celuloide, jamás se la llama por su nombre propio) vive dos realidades: la de Francia, asistiendo a su antipática empleadora —en donde conoce a Max de Winter—,  que es totalmente mundana y luminosa, y la de Manderley —la tenebrosa mansión dominada por el espíritu feroz de la difunta Rebecca— bajo cuyo embrujo Max se torna hostil y frío, mientras que la tétrica señora Danvers, el ama de llaves que no puede ni quiere ocultar su desdén por la intrusa que viene a suplantar a su adorada ama, se transforma rápidamente en un ser ubicuo y despiadado, lista para hacer trastabillar a cada ocasión a la nueva señora De Winter. Con mayor o menor fortuna, ambas cintas son thrillers psicológicos unidos a un drama romántico gótico, y como tales permiten a sus espectadores imbuirse en sus climas opresivos sin que lo que ocurre se perciba como artificial o forzado.

UNA ÚLTIMA MIRADA A “STAR TREK DISCOVERY”: Por Qué es tan Mala y Algo de Historia para Entenderlo

Por Leonardo L. Tavani

    Tres años atrás dábamos comienzo a este blog con una serie de artículos entre los que se hallaba el correspondiente a Star Trek: Discovery, que en ese momento transcurría apenas por el primer tercio de su temporada inicial. Por entonces estábamos un poco oxidados debido a un largo impasse sin practicar el noble arte del “articulismo”, pero por mucho que nos disguste el continente de aquella nota, su contenido era y es indiscutiblemente correcto. Y por cierto que fuimos generosos con el producto al no calificarlo con el menor puntaje posible, probablemente a causa de nuestro inocultable corazoncito trekker; pero al día de hoy, cuando su tercera temporada ha finalizado, podemos concluir sin pudores ni titubeos que “Discovery” es la absolutamente peor serie del universo Trek de toda la historia de la franquicia creada por Gene Roddenberry. Pero eso no es todo, o por lo menos no es la definición crítica que merece en rigor de verdad, sino que en estricta justicia debemos decir que Star Trek: Discovery es la más abyecta bazofia, la peor pieza de escoria y la más repulsiva cloaca que haya jamás existido. Y créannos, seguimos siendo indulgentes con ella.

DISNEY, LA CULTURA DE LA CANCELACIÓN Y LA TRAMPA DEL PROGRESISMO INTOLERANTE

 

Por Leonardo L. Tavani

           


Disney ha cancelado de sus plataformas de streaming una larga lista de películas animadas clásicas, todas ellas —al parecer— culpables de haber “formateado” la mente de millones de niños (nota: ¡!, ¡niños!... Ni “niños y niñas” ni la aberración abominable de “niñes”. Cuando la oración se refiere a un colectivo en general, y no a un grupo etario o poblacional o genérico en particular, nuestro bello idioma castellano transforma la letra “o” en neutra, exactamente como ocurre con el artículo neutro “lo”. O sea, cuando decimos “todos los niños” eso incluye —obviamente— a las niñas, y de ningún modo es una rémora machista, ni patriarcal, ¡ni un carajo! ¡Es buen uso del idioma, que siempre es INCLUSIVO, porque nos incluye, nos cobija, y nos permite comunicarnos a TODOS! ¿Nos entendemos…?), para lograr así que estos se convirtieran de adultos en machistas, xenófobos, racistas, sexistas, carnívoros, destructores del medio ambiente y, cómo no, anti kirchneristas rabiosos, puesto que el viejo Walt ya se maliciaba décadas antes de morir que en la Argentina surgiría algún día la ideología que estaría a la vanguardia de todo lo bueno y noble de la humanidad, ¡qué joder! Entre estas perversas muestras de penetración ideológica y adoctrinamiento subconsciente cinematográfico, se hallan Dumbo (1941), Peter Pan (1953), Los Aristo Gatos (The Aristocats, 1970), La Dama y el Vagabundo (The Lady and the Tramp, 1955) y The Jungle Book (1967). Por cierto, ya ningún niño podrá verlas en dichas plataformas: han sido borradas, canceladas, eliminadas… ¡SECUESTRADAS! Si… ¿o acaso la señora que tantos veneran no dijo alguna vez que un simple acuerdo comercial contractual era, en realidad, SECUESTRAR los goles “como nos secuestraron a nosotros en los ‘70s”? (sic) ¿¡What the Fuck!?

Cobra Kai 3ra Temporada – Crónica de un desastre anunciado.

Por Leonardo Tavani

Calificación: Regular ★★

           


Nos habíamos impuesto no volver sobre sucesivas temporadas de series que ya habíamos criticado, cosa que hicimos solo excepcionalmente y debido a las cualidades del producto en cuestión (caso de la segunda temporada de Westworld, cuya profundidad ameritaba el esfuerzo), pero en esta ocasión —y debido más que nada al peculiar derrotero de su narrativa— haremos una debida excepción. Se sabe, Cobra Kai nació como una apelación nostálgica al pasado reciente, a esos increíbles años ‘80s en los que todo era posible y hasta se nos permitía el lujo de la esperanza. También como una intrigante mirada a la vida de un perdedor. Pero lo interesante de la serie consistía en el concepto mismo de “perdedor”, ya que no se refería a alguien que hubiera abandonado sus estudios y saltara eternamente de empleos mediocres a otros peores (y que por supuesto no supiera siquiera comprometerse afectivamente con nadie). Está claro que Johnny Lawrence es todo eso y más, pero su condición de perdedor está definida realmente por su notoria incapacidad para elaborar la frustración. No vamos a ponernos sicoanalíticos, pero el concepto de “frustración” es definitorio y determinante para una vida humana saludable, ya que aquellos que no aprenden desde niños a lidiar con ella y superarla no logran convertirse jamás en individuos productivos, libres y autoconscientes. El niño es atávicamente egoísta dado que su condición biológica de dependencia exige de él echar mano de cuanto recurso le procure satisfacer sus deseos y necesidades, pero como es precisamente un “niño” —o sea, un ser cuyo cerebro está todavía en vías de desarrollo y maduración— es incapaz de distinguir ambos factores. O sea, para él lo que desea es igual a lo que necesita.

La "NUEVA" Agente 007 Será Mujer y Negra: La "INCLUSIÓN" gana, pero Ian Fleming pierde

 

Por Leonardo Tavani

        Imaginen a Robin Hood mujer y negra. Antes que nada, ¿habría algún problema en ello? A priori no, cuando menos en lo que atañe a ideas racistas o sexistas. Las personas mínimamente cultas y con apenas un ápice de decencia no ceden a tamañas ignominias. Sería incluso divertido de ver (o leer). Pero sí que hay un problema, y este no tiene nada que ver con prejuicios de raza o género. Se trata del origen mismo del personaje: si bien este surgió de una tradición oral remotamente inspirada en un bandido supuestamente real, la literatura y la poesía lo corporizaron por medio de la pluma de William Langland y Thomas Mallory entre otros. Supuestamente nacido a finales del siglo XIII, Robin jamás hubiera podido ser una mujer debido a que estas estaban por entonces férreamente controladas y encorsetadas por un sistema que no les brindaba ni libertad de elección, ni de pensamiento ni mucho menos educación. Y ni hablemos de permitirles la más mínima instrucción en el manejo de las armas. Tampoco hubiera podido ser negro o negra, dado que pasarían siglos enteros hasta que un ser vivo con dicho color de piel posara un pie en cualquier sitio de las islas británicas. Solo una adaptación de historieta puede permitirse esos anacronismos, ya que tanto la literatura como el cine (y las series de calidad) no pueden (o por lo menos no deberían) habilitarse tales licencias, al menos si no se trata de exponentes de la comedia del absurdo. Hay que respetar ciertas convenciones para que el espectador/lector suspenda su sentido de la incredulidad y se preste al juego de la ficción. Ahora utilicemos un ejemplo más sólido en términos autorales, el personaje de Sherlock Holmes. Creado por el médico, historiador y ensayista Sir Arthur Conan Doyle  durante el último tercio del siglo XIX, el gran detective analítico no podría jamás haber sido una mujer ni mucho menos negra. Ya había negros en Inglaterra en este período, ciertamente, pero estos no podían permitirse ni el lujo de la educación ni los beneficios de la aristocracia, mientras que las mujeres —principales víctimas de la regresiva cultura social impulsada por la reina Victoria— ni por asomo hubieran contado con la más mínima chance de llevar algo remotamente parecido a la azarosa vida del inquilino del 221 B de Baker Street.

"FREAKY: ESTE CUERPO ESTÁ PARA MATAR" - Un Interesante giro Para Una Fórmula Agotada

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: Buena plus ★★★+

    Más allá de los géneros cinematográficos, a los que los vanguardistas desprecian con la misma intensidad que al sentido común, los filmes de “fórmula” son ya un clásico en toda regla. Una “fórmula” no es un género en sí mismo, sino una suerte de plantilla argumental que puede aplicarse a diferentes géneros o incluso a un cruce entre ellos. Los filmes de adolescentes, y en particular los de asesinos seriales de púberes, son claramente una fórmula que el cine norteamericano ha explotado hasta el hartazgo. Lejos, lejísimo, han quedado dignos exponentes como Viernes 13 (Friday The 13th; 1980, Sean S. Cunningham) o la “multiclonada” Halloween (ídem; 1978, John Carpenter), a los que tanto la calidad de sus tramas como sus muy dignas realizaciones les valieron un lugarcito eterno en el corazón de los fans del gore y el “slasher”.

“TRYING” y “CASI UNA DUQUESA” (The Duchess) – Dos Miniseries de Comedia que Rompen con Todos Los Moldes

Por Leonardo L. Tavani   

    Trying ("Ciclos")—Excelente (★★★★★)— es una deliciosa miniserie británica coproducida por BBC y Apple TV + que transforma lo que pudo ser un mamotreto dramáticamente intenso en una luminosa comedia urbana poblada por personajes tan humanos como queribles. En seis acotadísimos episodios de apenas 30 minutos se asiste a las divertidísimas desventuras de una parejita de treintañeros londinenses que buscan concebir un hijo pero no lo logran, por lo que deciden —no sin ciertas reticencias— lanzarse a la aventura de adoptar. Claro que aunque Inglaterra no es Argentocracia (o República Burocrática Argentina, como ustedes prefieran), los chicos tendrán que afrontar algunos buenos trámites, ¡cómo no!, antes de enfrentarse al temible comité de admisión de parejas al programa de adopciones. Y como no podía ser de otra manera, tamaña decisión y semejante forma de desnudar la propia intimidad ante un “jurado” de extraños despertará temores, dudas, recelos y no pocas marchas y contramarchas.

"GAMBITO DE DAMA" (The Queen's Gambit/NETFLIX): UNA ACTRIZ ASOMBROSA PARA UNA MINISERIE MEMORABLE

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: Excelente ★★★★★

    A modo de introducción, una apostilla personal: un amigo, luego de leer nuestra crítica a la serie Ted Lasso, se lamentó por no interesarse en absoluto por el fútbol, lo que a su modo de ver le impedía acercarse a esta magnífica comedia. Nuestra respuesta consistió también en un lamento, solo que en este caso se debió a la decepcionante comprobación de que habíamos fracasado a la hora de intentar explicar las virtudes del producto de marras. Porque ni Ted Lasso ni ninguna otra historia cuya trama gire en torno a una actividad humana específica (sea esta un deporte o una vocación artesanal) requiere en absoluto conocimiento previo de tal actividad ni muchísimo menos que ella le guste o siquiera le importe al espectador. Sería algo así como pretender que El Diablo Viste a la Moda (The Devil Wears Prada, 2006; David Frankel), filme que este crítico ama, fuera visto únicamente por personas involucradas en la industria de la moda. Un absurdo. Por el contrario, este tipo de historias resultan fascinantes precisamente porque nos abren una ventanita a un universo que nos resulta ajeno pero que a la vez nos despierta una morbosa curiosidad, y ciertamente que lo auténticamente importante en ellas es la cuestión humana que late y se mueve dentro de ese tal universo.

ASTOR PIAZZOLLA, EL FESTIVAL DE MAR DEL PLATA Y LA DERROTA DE TODA DECENCIA

Por Leonardo Luis Tavani

    Argentina marcha rápida e inexorablemente hacia la pérdida absoluta de toda brújula moral. No se trata en modo alguno de un problema puramente político o ideológico, sino del ascenso —que parece inevitable— de todas las pulsiones socioculturales más innobles de la sociedad. El libre pensamiento, el ejercicio sano de la libertad, el acceso no sólo a la cultura sino a la más elemental educación, y por supuesto la transmisión tanto familiar como grupal de los más básicos valores éticos y de convivencia, son todas cosas que casi inadvertidamente hemos echado en el olvido. Hay una minoría que resiste, por supuesto, pero tanto nuestra degradada clase política como una parte importantísima de nuestra gente —que ha corrido alegremente a echarse en brazos de cuanto relativismo ético se le ha ofrecido a la carta— padecen por igual de este espeluznante mal que nos está carcomiendo por dentro: ya no hay norte, no hay objetivos sanos, e incluso el presidente de la Nación afirmó sin descaro que la “cultura del mérito y el esfuerzo” no es más que una jactancia de ese colectivo que equívocamente se denomina “burguesía”, o en términos de Jauretche (ese proto odiador de clase tan sobrevalorado) el “medio pelo argentino”. En este miasma en que nos hallamos, carentes de valores firmes y a su vez de líderes sobrios que nos ayuden a recuperarlos, se conoció una noticia que a muchos les pasó desapercibida, pero que a todas luces encarna la señal perfecta y definitiva de nuestro abismal descenso a los infiernos morales. El INCAA (el instituto de cine y artes visuales), presidido por el otrora director y hoy furioso militante “K” Luis Puenzo, ha decidido que el premio máximo que otorga el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata deje de llamarse Astor —en honor al marplatense Astor Piazzolla, por supuesto— y pase a denominarse “el Lobo” (exactamente así: ni siquiera “premio Lobo Marino”, que tendría más musicalidad), y todo ello por el módico motivo de que el recordado y admirado músico y compositor no era peronista. O por lo menos, dado que jamás habló públicamente sobre temas políticos, porque su figura —en las afiebradas mentes camporistas— no revestiría “chapa de personaje nacional y popular”.

“En La Zona Gris (In The Grey)” – Un Guy Ritchie que olvidó cómo hacer Cine.

  Por LEONARDO L. TAVANI Calificación: Regular ★★      No invento nada nuevo, y de hecho decenas de críticos lo han dicho mejor y much...