por Leonardo Tavani
El presente artículo nació de una conversación entre amigos, cuando uno de ellos hizo notar la absoluta vacuidad de la última cinta de la franquicia Jurassic Park. Nuestro querido contertulio asistió por vez primera a una sala “4-D”, uno de esos inventos absurdos para retener a las audiencias que en verdad no hacen otra cosa que bastardear la esencia misma del cine, y dicha película era la programada para fungir como conejillo de indias del experimento. La cuestión era que nuestro amigo reconocía que, a no ser por el novedoso sistema de proyección, el filme había resultado más de lo mismo, tan intrascendente como olvidable. Entonces la conversación viró hacia la obvia pregunta acerca de la validez de tanta secuela en cadena, tema por demás interesante, ya que el concepto mismo de “continuación”, “saga” o “secuela” contiene en sí mismo un germen peligroso que la industria hollywoodense parece ignorar por completo, una cuestión de vital importancia que los ejecutivos actuales (todos ellos tiburones corporativos, desconocedores de la esencia misma del negocio del cine) pasan por alto olímpicamente, en pos de un lucro millonario que en ocasiones ni siquiera consiguen, tal el caso de Alien: Covenant (2017), lamentable fiasco de taquilla que mereció mejor suerte y al que ya volveremos más adelante. Desarrollemos a continuación nuestro tema.
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| la nueva saga jurásica |










