Por LEONARDO L. TAVANI

Pocas veces en la historia de la
literatura popular un autor supo de antemano que su nueva creación sería un
rotundo éxito. Pocas o más bien una sola: la de Edgar Rice Burroughs (Chicago,
1875 – Tarzana, 1950) sería la gran excepción que confirmaría la regla. Tarzan
of the Apes fue apenas su segundo relato, publicado en la revista All-Story Magazine en octubre de 1912, luego
de dar a luz —en febrero de ese año— Una Princesa de Marte, su cuento
debut y primero de la saga de John Carter. Esta novela corta pasó sin pena ni
gloria y, cuando menos en un principio, no le reportó más que unos pocos
dólares. Pero mientras escribía su nueva historia Burroughs percibió claramente
que el destino le depararía algo cercano al bronce. Contrario a la usanza de la
época y a los métodos de contratación de las revistas “pulp”, el escritor insistió ferozmente (con una previsión digna de
un vidente) en conservar todos los derechos de autor y, al siguiente año,
registró “Tarzán” como marca. Estos
fueron los cimientos sobre los que construyó (junto a las 25 novelas
posteriores del célebre personaje) un fabuloso imperio financiero que aún hoy
perdura y genera millones de dólares a sus sucesores. Demos un paseo en liana,
entonces, para ir tras las huellas de Tarzán.