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“LA BESTIA ESTELAR”: Doctor Who celebra su 60 aniversario recuperando toda la magia Perdida

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: Muy Buena ★★★★

El sábado último regresó la mítica serie Doctor Who. Lo hizo con el primero de los tres episodios especiales que celebran los 60 años de historia de esta maravillosa saga de ciencia ficción, The Star Beast (La Bestia Estelar). Por cierto, al escribir “regresó” estoy queriendo decir mucho más de lo que indica el simple enunciado, ya que Doctor Who había sido “asesinada” por su último showrunner, el criminal Chris Chibnall, con la cómplice anuencia de BBC, por supuesto, cadena histórica que a contrapelo de su propia política descuidó uno de sus activos más señeros y amados. No les salió gratis, y amén de la progresiva pérdida de audiencia y la ya clásica y constante batalla del fandom en las redes, la compañía (que es estatal, pero con un inteligente sistema de asociaciones con capitales privados) comenzó a perder dinero con el envío. No podía durar, y luego de echar al anterior director de la cadena, se optó por un plan de renovación integral que incluyó —como no podía ser de otro modo— el relanzamiento con bombos y platillos de la serie estrella de la emisora. El hecho de que el a punto de fenecer año 2023 fuera el del sexagésimo aniversario del estreno de Doctor Who sirvió en bandeja el motivo del reboot. Si el especial del 50 aniversario, The Day of the Doctor (2013), había sido un evento de magnitudes bíblicas, estrenado además en cines y en 3-D, no podía esperarse menos de esta desesperada movida por resucitar la saga. Sería una serie de tres especiales protagonizados por la dupla más querida y añorada por todos, David Tennant y Catherine Tate, esta última de regreso en su entrañable rol de Donna Noble. Nada podía fallar, excepto que las últimas temporadas habían sido tan, pero tan desastrosas que muchos habíamos perdido la fe en la capacidad de la TARDIS por llevarnos de vuelta al universo de la imaginación. Así que sí, mucho podía fallar. No imaginan cuanto. ¿Y saben qué…? Pues…, nada falló. Okay, no será el nirvana de la serie, tampoco emulará los más electrizantes y dramáticos momentos que nos legara Steven  Moffat como guionista y showrunner, pero lo cierto es que The Star Beast nos devolvió al Doctor enterito y perfectamente reconocible. Al fin.

“INDIANA JONES Y EL DIAL DEL DESTINO”: La peor Despedida para un Personaje Legendario

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: MALA

    Decadencia”. Esta es la palabra que se repite en mi mente cada vez que pienso en la vomitiva, atroz, espantosa y nauseabunda experiencia que implica padecer las dos horas y media de ese esperpento disfrazado de película titulado Indiana Jones y el Dial del Destino. Decadencia en todos los sentidos posibles y en todas las direcciones que se quieran tomar. Decadencia de la cultura general (vean si no cómo la elogian millares de usuarios de las redes y demás yerbas, así como numerosos críticos que parecen más hábiles a la hora de hablar sobre ‘running’ que acerca de cine…), decadencia de la otrora más poderosa industria cinematográfica (hoy un páramo yermo), decadencia de los propios miembros de dicha industria (si esto es lo que queda de James Mangold, del hombre que alguna vez dirigió Copland, e incluso Logan, pues mejor ahogarse en alcohol), decadencia de las grandes corporaciones y de los estudios que controlan (antes, como brillantemente mostró The Offer, también mandaba el dinero, pero hasta los tiburones de las finanzas se dejaban seducir por una idea y le daban luz verde a proyectos como El Padrino), decadencia —física y por qué no moral— de los últimos exponentes del antes llamado “star system” (¿cómo definir, si no, la decisión egoísta e insensata de Harrison Ford, permitiendo así que este esperpento exista? ¿Acaso necesitaba más dinero para comprarse una mesita de luz de mármol de Carrara?), decadencia de todo el gremio de guionistas —y de las universidades y los docentes que allí enseñan tal arte, hoy definitivamente perdido— quienes no pueden darle sentido ni contexto a una historia sin evidenciar que sus encéfalos están por debajo, evolutivamente, del de los asnos y los babuinos. Y por último, decadencia de todos nosotros, los mayores de 50 años que vimos estas joyas del cine en plena adolescencia y que así y todo, plenamente conscientes de que nos van a ofrecer estiércol, les obsequiamos nuestro laboriosamente ganado dinero a estos tránsfugas yendo a una sala de cine. O a una caja de zapatos XL, mejor dicho, ya que hasta eso nos han quitado: cuando pienso que vi Indiana Jones y el Templo de la Perdición en el viejo, original y maravilloso cine Gran Rocha, de la ciudad de La Plata, que tenía una pantalla gigantesca, un audio espléndido y una arquitectura portentosa, no puedo menos que aceptar que sí, que todo tiempo pasado fue irremisiblemente mejor.

"SAMARITAN" : Una Película que Sorprende con Armas Nobles

Por Leonardo L. Tavani

Calificación: Muy Buena ★★★★

    Hay, por una vez, una buena noticia. Samaritan, el nuevo filme protagonizado por Sylvester Stallone, es muy pero muy digno. Quiero decir, en el panorama deplorable que exhibe el cine hecho en EE UU —el resto de países de habla inglesa no presenta tal decadencia en sus cinematografías— esta es una película que hace las cosas bien y se aplica en contar una buena historia y ambientarla con eficiencia. No es poco. Ahora, y como verán, siempre hay un pelo ensuciando al huevo: Samaritan podría, sin dudas, haber resultado todavía mejor si no estuviera imbuida de un clima de época, de un subtexto, que la atraviesa de cabo a rabo. Y ese subtexto, ese metamensaje, es el que provoca el hecho de contar con cerca de 25 años consecutivos de películas de superhéroes. Es demasiado. Y ya lo dije aquí mismo en varios otros artículos, este subgénero no es ni llega a ser (ni siquiera por aproximación…) el western contemporáneo. Eso lo dijo James Mangold, director de Logan (2017), en ocasión de su estreno. Estaba bien, era una manera de reivindicar el género al que se veía obligado a desembarcar debido a la escasez de oportunidades en Hollywood. Pero no es ni era cierto. El western implicaba una imago mundi con reglas amplias en la que convivían múltiples géneros, en muchas ocasiones más de uno por película. Thriller, drama, política, racismo, todo puede y podía suceder en su universo. El cine superheroico es y está limitadísimo, y para colmo no logra evitar clichés que lo asfixian cada vez más, tales como las historias de orígenes, una más calcada y aburrida que la otra.

DEVS: Una Buena Premisa Perdida en su Propio Laberinto


DEVS – EE UU / miniserie en 8 episodios (2020)
Por Leonardo L. Tavani
Calificación: Regular + (★★y ½)
Devs debería venir acompañada de un manual básico de física cuántica, y no le vendría nada mal, tampoco, obsequiar entre sus televidentes un curso intensivo de ingeniería electrónica. Una vez sorteado el obstáculo de la comprensión del asunto, que es bastante peliagudo, viene la cuestión de la trama en sí misma. Que tampoco es un dechado de Isaac Asimov, qué va, que era alguien que sabía muy bien como aderezar sus historias para que no fueran solamente un mero envoltorio de ideas fantacientíficas. Devs cuenta (¿cuenta…?) una plomífera trama según la cual un joven informático recién ascendido al misterioso proyecto “Devs” acaba siendo asesinado por intentar robarse el “código” de vaya a saber qué diantres. Devs es el acrónimo de “developments” (desarrollos, en inglés), y es el nombre de un proyecto ultra secreto de una empresa denominada Amaya, que se dedica a la investigación cuántica. Devs se halla en el medio de un bosque, resguardado por una jaula de Faraday (el autor confiesa haber oído hablar de tal artilugio alguna vez en su vida…) más algunas enigmáticas “cosas” rectangulares pintadas de oro, o directamente hechas en oro, vaya uno a saber.

Star Trek Picard: o de Cómo Asesinar una Saga que Brindaba Esperanza


Por Leonardo L.Tavani
Calificación: Regular ★★
 ALERTA: este artículo contiene SPOILERS TOTALES

 La ciencia ficción nació en la literatura, ciertamente, pero ese gran invento de finales del siglo XIX que fue el cinematógrafo la hizo suya casi de inmediato. Estaban destinados a emparejarse desde antes incluso de sus respectivas existencias. La televisión, igualmente, se apropiaría de la sci-fi quizás con mayor empeño: lo haría con algo menos de presupuesto que su primo hermano y quizás con cierto apresuramiento según los casos. Ahora bien, históricamente, la sci-fi —en su vertiente futurista— ha sido predominantemente distópica. Siempre, y casi sin excepciones, los autores (y guionistas, por cierto) han imaginado un futuro negro y devastador, uno en el que todos los valores y todas las conquistas de la sociedad se vuelven contra ella misma hasta destruirla. Más allá de la obvia razón que dicta que este tipo de escenarios es harto propicio para contar historias con gran profundidad y consistencia dramática, lo cierto es que esta inevitable tendencia a imaginar un futuro negrísimo proviene, casi con seguridad, del componente tanático de nuestra psiquis.

ZOMBIELAND DOUBLE TAP y JEXI: DOS PERLITAS PARA ALEGRARNOS EL 2020


Por Leonardo L. Tavani       
Nuestro primer artículo del recién estrenado año 2020 estará dedicado a dos estrenos de finales del 2019, uno de los cuales no se estrenó aun comercialmente en nuestro país, y que nos han causado una enorme satisfacción. Hollywood pasa, cómo ignorarlo, por una de las crisis creativas e industriales más profundas de su larga historia. Que de su seno broten dos películas originales, creativas y realizadas con absoluta maestría, no puede menos que brindarnos esperanzas. Acompáñennos a descubrir Zombieland Double Tap y Jexy, dos productos que se las traen. Y un muy buen año para todos.

“THE EXPANSE”: Cuando el Sistema Solar resulta un Lugar Muy Pequeño



Por Leonardo Tavani
Calificación: Excelente ★★★★★

The Expanse (Ídem) Canadá, 2015-‘17.
Emitida por SyFy Channel. Disponible en Netflix.
Serie de Tevé. Tres temporadas. Basada en la serie de novelas de James. S.A. Corey.
Creada por Mark Fergus & Hawk Ostby.
Interpretes: Thomas Jane, Steven Strait, Cas Anvar, Shohreh Aghdashloo, Wes Chatham, Florence Faivre, Shawn Doyle.-

            Por un momento olvidémonos de antecedentes, fichas técnicas, novelas de origen, país de procedencia y todas esas cosas que rodean a un proyecto televisivo hasta casi ahogarlo. Apaguemos todo y quedémonos tan solo con una cosa, el producto en sí. Y conste que “producto” es apenas un sustantivo que no puede ni pretende disminuir el maravilloso poder sugestivo de la serie que nos ocupa. Hagamos silencio entonces, y al menos durante estos primeros párrafos, centremos nuestra atención en una única cosa: The Expanse.

Westworld 2ª Temporada: La Rebelión de las Máquinas o Prometeo Revisitado


Por Leonardo Tavani

Calificación: Excelente (★★★★★)


Westworld II Temporada (Ídem) Canadá, EE UU, 2018.

H.B.O. 10 episodios. Ficha técnica disponible en nuestro artículo
acerca de la primera temporada.-"Westworld 1a temporada/artículo"
            Estimados amigos, tengan un poquito de paciencia, vamos a ir por un camino menos transitado que, sin embargo, tiene todo que ver con el “ethos” que propone esta apabullante segunda temporada de Westworld. Veamos, el hombre añora lo que no tiene, y cuando lo obtiene, lo desdeña por completo. ¿Puerilidad, inmadurez? Tal vez no, quizá se trate de una búsqueda más profunda cuya urgencia nunca se extingue. Dalmiro Sáenz dijo en cierta ocasión que “buscar la felicidad es maravilloso, hallarla es atroz”. Para que la pulsión de vida (Eros) se imponga sobre la de muerte (Tánatos) es necesario contar con una motivación profunda, con un motor que impulse hacia delante, que es precisamente lo que se pierde en las condiciones clínicas tales como la depresión, las fobias inmovilizantes, algunas formas de demencia, etc. En términos cinematográficos nos viene a la mente, por caso, la última parte de la trilogía dedicada a Batman por parte de Christopher Nolan, hermano del creador y co autor de la serie que nos ocupa —The Dark Knight Rises— debido a que dicho filme cuenta con una parábola que nadie apreció debidamente en el momento de su estreno, y que resulta más que pertinente en cuanto a nuestra introducción. Bruce Wayne ha perdido por completo la pulsión de vida; apenas si lo motoriza una férrea concepción del “deber” que, de hecho, no es otra cosa que una de las facetas de su neurosis de personalidad. Tal como ocurre con la tensión dialéctica “héroe/antihéroe” que divide su psique, la nueva amenaza de Baine lo conduce a actuar no por motivaciones positivas, sino porque él ha construido un alter ego que asume sus culpas y vacilaciones íntimas, las que se liberan catárticamente cuando obra como una suerte de “mesías oscuro”, cosa que queda bien ejemplificada en el final de la cinta anterior. O sea, Batman vuelve al ruedo por un equívoco sentido de “justicia” que en realidad oculta su necesidad de auto castigo y penitencia. Por ello Baine lo vence y le quiebra la espina dorsal.

50 años de un clásico inoxidable


 por Leonardo Tavani
Calificación: Muy Buena (★★★★)

El Planeta de los Simios (Planet of the Apes), EE UU, 1968.
Dirección: Franklin J. Schaffner. Guión: Michael Wilson y Rod Serling, sobre la
novela de Pierre Boullè. Fotografía: Leon Shamroy. Música: Jerry Goldsmith.
Intérpretes: Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, James Daly.
Fox, 112 min.-

(Dedicado a mi gran amigo R.D.N., quien pidió expresamente esta review. De no complacerlo, juramentó obsequiarme la discografía completa de Michael Bolton. Ruego no cumpla tamaña amenaza)

     
    Primero fue la novela del francés Pierre Boullè  —también autor de “El Puente sobre el Río Kwai” (magistralmente llevada al cine por David Lean) —  una historia sumamente entretenida, de ágil lectura y con un inexorable (y quizás claustrofóbico) final. Publicada en 1963, en su momento se discutió si su trama realmente pertenecía a la sci-fi pura y dura. Existían elementos ambiguos en ella, uno de los cuales era sencillamente el motivo que originaba la inteligencia en los simios: durante siglos actuaron por simple imitación de los humanos, hasta que ese ejercicio mímico despertó la autoconciencia en la especie. Es cierto, no es una explicación demasiado elaborada ni arropada con las mantas de la jerga científica, pero aunque dicha objeción  fuera sostenible, eso no le impidió a la novela ocupar su legítimo sitial en el panteón fantacientífico. Por fortuna prevaleció la comprensión cabal de las intenciones de su autor, que consistieron en construir un cuento filosófico y moral al mejor estilo volteriano —ambientado en un entorno futurista, que permitiera resaltar las paradojas de la ecuación evolución/decadencia— tanto como la capacidad del espíritu humano para enfrentar la adversidad extrema y encarar lo absurdo e irracional (aquello que desquicia tanto nuestro esquema de valores como nuestra visión del mundo). Por mucha polémica y discusión que encendiera, la novela acabó por influir decididamente en el panorama de la sci-fi literaria de mediados de los ‘60s. Que llegara al cine solo era cuestión de tiempo, y que los americanos la adaptaran primero casi una obviedad. Los franceses estaban por entonces inundados de Nouvelle Vague, demasiado embargados de solemne cinèma verité  como para ocuparse de unos monitos que hablan.
            Lo cierto es que ese mismo año de 1968 se estrenaba el título seminal del género, 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick), un filme ciento por ciento británico, y Hollywood no podía ni quería quedarse atrás. Ya desde mediados del ‘67 el productor Arthur P. Jacobs estaba embarcado en el proyecto, cuyos derechos había comprado para Fox, a la vez que se asocia con Rod Serling para darle forma, contenido y fondo. Serling era una figura mítica de la TV americana: había creado, producido, co escrito y presentado nada menos que La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, CBS: 1959-64), y en cine contaba con éxitos como Seven Days in May (1964, John Frankenheimer) o Saddle the Wind (1958, Robert Parrish). El propio productor trajo al proyecto al talentoso Michael Wilson, ganador del Oscar a mejor guión adaptado por A Place in the Sun (1951, George Stevens), contribuyendo de esa forma a su genuina rehabilitación pública. Ocurre que Wilson fue una de las víctimas de la persecución maccartista a los miembros de la industria del cine; se negó a testificar ante una comisión del HUAC (siglas en inglés del Comité de Actividades Anti Norteamericanas) —a la vez que fue señalado como simpatizante comunista  por un ignoto testigo—  por lo que fue injustamente incluido en la aberrante lista negra. Por años trabajó por escaso dinero y debiendo firmar con pseudónimos, adjudicando sus guiones a terceros o bien de forma anónima, no acreditado. De esta humillante manera debió co escribir nada menos que los guiones de dos clásicos del cine: The Bridge on the River Kwai (El puente sobre el río Kwai. 1957, David Lean) y Lawrence of Arabia (1962), también de Lean.

        

Una distopía aterradoramente posible

Por Leonardo Tavani
Calificación: Muy Buena (★★★★)

¿Qué le pasó a lunes? (What happened to Monday?) G.B., 2017. 124 min.
Dirección: Tommy Wirkola –Fotografía: José David Montero – Música: Christin Wibe – Elenco: Noomi Rapace,  Glenn Close, Willem Dafoe,  Robert Wagner,  Pål Sverre Hagen, Chico Kenzari,  Adetomiwa Edun,  Lara Decaro,  Christian Rubeck.-

            En un artículo anterior[1], deslizábamos casi al pasar que las distopías futuristas se habían tornado tanto o más habituales que el cine de superhéroes y animación. Y claro está, la sobreabundancia conduce a la dilución argumental. Pero en el caso que nos ocupa, esta coproducción entre Inglaterra, EE.UU., Bélgica, Francia y Netflix resulta una gratificante sorpresa. Y una que bien vale una reseña.
            En un futuro cercano la sobrepoblación planetaria ha superado las previsiones de Malthus, y junto a una dramática disminución en la cantidad, calidad y capacidad de producción de alimentos, la vida en la Tierra se ha tornado inviable. Con la asesoría de una científica con aspiraciones de poder (Glenn Close), se implementa una política rigurosa y cuasi policial de un solo hijo por familia. Para los pocos audaces que excedan este número existe la opción ‘nada opcional’ de un sueño criogénico para cada niño, mediante una tecnología creada y patentada por la propia mujer de ciencia. Ahora bien, una joven muere al dar a luz nada menos que a septillizas. Su abuelo —(un impecable Willem Dafoe, exudando en cada plano la tortura interior que padece su personaje a causa de la vida que deberá brindarle a sus nietas—) las adopta, recluye y entrena a través de los años para vivir en la clandestinidad. Les ha dado a cada una el nombre de un día de la semana, y sólo pueden salir a la calle o la escuela de a una por día, el de su onomástico. Pero en el exterior se hacen pasar por Karen Settman, su extinta madre, y deben caminar sobre alfileres para que todas sepan hasta el más mínimo detalle de lo vivido cada día en el exterior, así su relevo puede actuar en la siguiente jornada como si fuera la misma y única persona. Cuando el espectador asiste a ciertos actos de crueldad cometidos por su abuelo, con el fin de evitar ser descubiertos y mantener la mascarada, verdaderamente le corre un frío seco por la espalda.


            Ya grandes, al tiempo que comienzan a surgir las tensiones entre las siete y la insatisfacción por la vida casi miserable a que se ven sometidas, cada una de ellas trabaja (recuerden, fingiendo ser la misma) en una importante corporación, la misma desde la que se controla férreamente la natalidad. Al atardecer del día homónimo, Lunes no regresa. Pasan las horas y se torna evidente que ha desaparecido. No pueden quedarse de brazos cruzados y una de ellas deberá salir en su búsqueda. Así comienza tanto la improvisada investigación como una cacería a las hermanas que se tornará feroz. Está claro que las han delatado, y en medio de esa pesadillezca persecución asistimos al descubrimiento de una conspiración aberrante; y la lucha por la supervivencia —o la tragedia que se cierne sobre las hermanas (tanto como la amarga verdad sobre alguna de ellas) —, servirá para revelar la aberrante miseria que ha caído sobre la humanidad por aceptar dócilmente soluciones inmorales, por muy bien disfrazadas de ética bienhechora que estén.


            A medida que la narración avanza el film despliega una atmósfera irrespirable, con una ambientación impecable, un detalle que es vital para una narración como esta. Tratándose de un mundo superpoblado y escaso de recursos, cada toma nos muestra astutamente gente apiñada, caminando a los trompicones, sin un resquicio donde no haya personas. Y del mismo modo las fachadas lucen derruidas, viejas y gastadas; las calles se ven atestadas y saturadas, carentes de toda belleza o siquiera mera funcionalidad. Por oposición, únicamente los edificios gubernamentales y la poderosa corporación que da empleo a la supuesta Karen Settman lucen brillantes y asépticos, plenas de gran tecnología y eficiencia. Pero no es la perfecta ambientación la que justifica los méritos de la cinta, sino el tenso crescendo del drama y la cacería, en medio de los cuales se yergue la figura de Jueves, la hermana rebelde y contestataria, quien deberá asumir un liderazgo no querido para salvar a las hermanas que pueda y resolver el misterio. La labor de la prestigiada Noomi Rapace, la inolvidable Liszbeth Salander de la trilogía ‘Millennium’, resulta en un tour de force sorprendente y difícil de olvidar. No se trata solo de la dificultad de interpretar a siete personas distintas en un mismo espacio, por caso, sino de la capacidad asombrosa de esta actriz sueca para brindarle a cada una su íntima gestualidad, un cariz peculiar y particular, —hasta miradas diferentes y respiraciones de diferente intensidad—, de modo que en pocos planos se logre que ya estemos familiarizados con todas y cada una de ellas, comprendiendo sus sicologías y personalidades. Y sus tensiones interiores.



            Del otro lado, la enorme Glenn Close ofrece su competencia habitual para encarnar a un ser complejo que oculta a un monstruo interior, disimulando su verdadera naturaleza con el altruista discurso de siempre, aquél que reza el tranquilizador “lo hago por la humanidad”. De todos modos su personaje padece de contradicciones (algo bienvenido en favor de la carnalidad de su criatura), en las que asoma un amago perturbador de conciencia, cosa de la que carece por completo su asistente personal, un sádico nazi que en la piel del actor Pål Sverre Hagen causa vero pavor. El film posee una estructura narrativa casi de relojería; jamás se excede en la cantidad ni intensidad de sus escenas de acción, que en esta ocasión son imprescindibles y funcionales al cuento, y los personajes con quienes se topa Jueves en su huida poseen tridimensionalidad y motivaciones creíbles.


            Se trata, en definitiva, de un film muy sólido tanto en lo narrativo como en lo visual, coherente en su propuesta y con un planteo distópico lamentablemente probable y posible, en sintonía con las claras señales de peligro del presente,  lo que causa no poca incomodidad en el espectador informado. Por lo demás, nos brinda un festival actoral de Rapace, actriz de innumerables recursos y dueña de una presencia en pantalla de infrecuente intensidad. Para no perdérsela.-
        
Disponible en Netflix y DVD



[1] Ver nuestra crítica a “Baby: El Aprendiz del Crimen”.-

Un regreso con toda la gloria al mundo de los replicantes

Blade Runner 2049
Por  Leonardo Tavani
Calificación: Excelente (★★★★★)
(Reino Unido/ Canadá/ Estados Unidos, 2017)Dirección: Denis Villeneuve. Guión: Hampton Fancher y Michael Green. Música: Hans Zimmer & Benjamin Wallfisch. Fotografía: Roger Deakins. Elenco: Ryan Gosling, Dave Bautista, Robin Wright, Ana de Armas, Jared Leto, Sylvia Hoeks, Mackenzie Davis, Wood Harris, David Dastmalchian, Harrison Ford. Producción: Broderick Johnson, Andrew A. Kosove, Cynthia Sikes y Bud Yorkin. Distribuidora: UIP. Duración: 173 minutos.


          La primera impresión que queda en la mente del espectador al finalizar el metraje de “Blade Runner 2049”, es que se trata por vez primera de la absolutamente mejor secuela de un filme de ciencia ficción jamás rodado hasta ahora. Tan simple como eso. Asfixiante, portadora de un desasosiego existencial inexorable, radiografía de una sociedad deshumanizada hasta el extremo, esta cinta del canadiense Denis Villeneuve (‘Arrival’ 2016) no le hace concesión alguna al espectador. Es muchísimo más extensa que la original, desdeña el estilo narrativo video-clipero de nuestros días —incluso si ello le resta espectadores— bucea sin tanques de oxígeno en lo más profundo de la psique de sus personajes, sean estos replicantes, hologramas o humanos, y se da el lujo de negar la remanida idea que postula al pasado como un territorio mejor. Aquí, el pasado no ha servido para otra cosa que para entregar este presente nauseabundo que vemos en pantalla. Ya cerca del final, Deckard —que se halla recluido en un hotel casino ruinoso de una espectral Las Vegas abandonada— rememora con nostalgia las épocas en que hasta un simple obrero podía tomarse un descanso allí, beber unos tragos y jugar unas fichas. Pero Villeneuve nos mostró antes los fantasmagóricos hologramas de Elvis, Marilyn y Sinatra, en un contexto que evoca el patetismo decadente que tendrían como pobre entretenimiento del ayer. El contraste se torna tan chocante que uno comprende al instante el mensaje. De aquéllas tormentas, estos tifones.


“En La Zona Gris (In The Grey)” – Un Guy Ritchie que olvidó cómo hacer Cine.

  Por LEONARDO L. TAVANI Calificación: Regular ★★      No invento nada nuevo, y de hecho decenas de críticos lo han dicho mejor y much...