por Leonardo Tavani
Los Pioneros del período Mudo

Cuando el cinematógrafo estaba todavía en pañales, allá por 1914 —el
mismo año del estallido de la Gran Guerra— la maravillosa Italia, que en ese
momento se colocaba a la vanguardia de la producción comercial, presentaba un
filme verdaderamente monumental, considerado hoy tanto fundacional como seminal
para su género: Cabiria. Escrita y dirigida por Giovanni Pastrone, que de hecho
utilizaba el pseudónimo Piero Fosco, la gigantesca épica se estrenó en Turín el
18 de abril de 1914. Duraba la friolera de 247 minutos (sí, como lo leen; 4
horas y siete minutos), tanto que los yanquis la importaron en versión reducida
de 148 minutos. En cuanto a su guión, siempre se lo adjudicó a Gabriele
D’Annunzio, el poeta, novelista y dramaturgo italiano (Pescara, 1863-Lago de
Garda, 1938), pero no es así. D’Annunzio aceptó únicamente redactar los textos
de los rótulos. El script era
efectivamente de Pastrone y estaba basado en una novela de Emilio Salgari. Ocurre
que el director (que no figuró en absoluto en los créditos del filme sino hasta
su reestreno de 1931, cuando además se le incorporó banda sonora) estaba mucho más
interesado en legitimar su filme, y para eso llegó a un acuerdo con el poeta
que explicaremos más adelante, cuando hablemos del personaje de Maciste y su
importancia. Por otra parte, la película resultó una obra fuera de escala, de
dimensiones faraónicas, que coronó brillantemente todo el período previo e inauguró
un género de alcance mundial.

Poco antes, en
1910, el mismo Pastrone había dirigido
La Caída de Troya, mientras que en
1913 Mario Caserini presentaba
Los Últimos Días de Pompeya, pero
ambas (a igual que todas las que se enumerarán a continuación) son consideradas
solo el prólogo para el nuevo género, que oficialmente se acepta como
inaugurado con
Cabiria. La proeza técnica llevada a cabo para rodarla resultó
antológica. Los monumentales decorados, los centenares de extras, los
kilómetros de película rodados, todo la convierte en un mito: de hecho, el
pionero español Segundo de Chomón (director, cameraman, animador y decorador de
set nacido en Teruel el 18 de octubre de 1871) creó y empleó en este filme un novedoso
tipo de movimiento de cámara que todavía hoy se usa y que conocemos sencillamente
como
Travelling.
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biografía de De Chomón |
El ibérico también
fue responsable de parte de los decorados y la iluminación, y en este último
apartado impuso junto a Pastrone (que estaba entusiasmadísimo con la novedad)
el uso de enormes pantallas reflectantes para incrementar la intensidad y gama
cromático/tonal tanto de la luz natural como de la artificial, otro método entonces
novedoso que el filme legó a la posteridad del séptimo arte. El director se
impuso contar varias historias paralelas, además de la de su protagonista
Cabiria (Lidia Quaranta)
, para lo
que rodó un total aproximado de 11 horas de película. Eso le permitió extraer
lo mejor y editarla en los definitivos 247 minutos originales. Incluso se
adelantó a su época, cuando ni se soñaba con un cine sonoro, al colaborar con
el compositor y conductor de orquesta Ildebrando Pizzetti, quien compuso una
poderosa y extensa partitura para el film en la que destaca su vibrante “
Sinfonía del Fuego”, la que acompañaba
la escalofriante secuencia del sacrificio a Moloch. Las copias se distribuían
con un disco de pasta y una ficha con rigurosas instrucciones, para que los
operadores pudieran echar a funcionar el gramófono en el momento exacto y en la
pista indicada.
Este hito histórico
marcó el comienzo del período de esplendor del cine italiano, que hasta
entonces era un pálido remedo del francés, a tal punto que muchos actores y
técnicos provenían del país galo
. El
género épico o
Péplum (bautizado así
por los críticos e historiadores franceses recién en la década de 1960)
representó una verdadera revolución en su época, tanto que el pionero norteamericano
David Lewelyn Wark Griffith (
El Nacimiento de una Nación, 1915;
True
Heart Susie, 1919, quien prácticamente definió el montaje como forma objetivo/subjetiva
de narración (lo que también condujo a establecer el plano como unidad mínima
de la narración), se vio tan influenciado por este cine —y especialmente por
Cabiria—
que sencillamente clonó dicho estilo y diseño visual para su filme
Intolerance
(Intolerancia, 1916), específicamente para el segmento
Babilonia.